
Más de cinco millones de personas se reunieron en el
Obelisco en el 2022 cuando Argentina salió campeón mundial en Qatar. Esa misma
cantidad de gente es la que vive hoy en barrios populares a lo largo de todo el
país y de ese número, 1.700.000 son niños, adolescentes y jóvenes.
No obstante, se trata de personas no de números, personas
que no tienen acceso a servicios básicos como agua potable o electricidad
segura. Niños y adolescentes que si llueve no pueden ir a la escuela porque las
calles están cubiertas de agua.
Personas sin trabajo y por lo tanto, sin un proyecto de
vida. Niños y adolescentes que caen como soldaditos ante la ausencia total del
Estado y el claro avance del narcotráfico. Jóvenes que se quitan la
vida o que han tenido intentos de suicidio.
Pese a esta cruda realidad, en los barrios populares también
hay esperanza y sentido de comunidad. Hay solidaridad y ganas de salir
adelante, de estar mejor. Pero se necesita que el Estado mire y comprenda esas
realidades y que también lo haga la sociedad, más allá de las ayudas puntuales
cuando ocurre alguna catástofre, como una inundación.
Para conocer en detalle la vida en los barrios populares, Noticias
Argentinas visitó la sede que Cáritas tiene en la calle
Balcarce, en la ciudad de Buenos Aires, y con mate de por medio, conversó con Sofía
Zadara, Directora Ejecutiva de Cáritas Argentina, quien destacó que en los
barrios populares «la vida abraza lo comunitario», ya que,
«donde comen dos comen tres».
¿Qué es un barrio popular?
-Un barrio popular es un asentamiento, una comunidad que
vive con poco acceso a los servicios: el 90%, no tiene agua potable. Viven
muchas familias en un mismo espacio, lo que genera que haya hacinamiento.
Se trata de muchas familias en poco terreno y en condiciones habitacionales muy
dolorosas porque en una misma habitación conviven muchos adultos con niños y
adolescentes.
Al mismo tiempo, un barrio popular es donde la vida abraza
lo comunitario: lugares como los comedores, vecinos que abren la olla, apoyo
escolar. Día a día buscan la vuelta para que sus hijos e hijas puedan terminar
la escuela, puedan comer.
No obstante, en la actualidad está costando que la mayoría
de las familias tengan las cuatro comidas básicas y no estoy hablando de lo
nutricional, estoy hablando de la alimentación básica.
También en los barrios populares encuentro muchos oficios.
Una vez dijimos que en los barrios populares están los oficios que se necesitan
en el centro: albañiles, servicios de cuidado en casas particulares, niñeras.
Oficios que se necesitan en otros barrios o en otras clases que están mejor.
Eso hay que considerarlo porque son personas que tienen un
oficio y que están pidiendo a gritos trabajar. También hay emprendedores/as que
le están buscando la vuelta día a día.
Y en este contexto está la Iglesia que busca cómo cuidar las
fragilidades, cómo armar dispositivos para sostener a los que están bajo
consumo, cómo cuidar la vida en situaciones de violencia o de mucho dolor.
También algo que identifica a los barrios populares es la
esperanza. Te puedo asegurar que tenemos mucho para aprender. “Donde comen dos
comen tres”, “Dios nos va a acompañar”, son algunas de las frases que uno
escucha cuando va al barrio popular, a la villa o al asentamiento y se pregunta
de dónde sacan fuerzas esas personas que tienen una esperanza tan grande que
conmueve.
Esas personas merecen vivir mejor y quieren vivir mejor. La
gente no quiere vivir así, las familias no quieren vivir bajo la pobreza,
claramente buscan alternativas, pero necesitan del Estado y de instituciones
como la Iglesia.
¿Cuántas personas viven en los barrios populares?
-Viven más de cinco millones de personas y de ese número,
1.700.000 son niños/as y adolescentes, según el relevamiento que se hizo en
6.400 barrios populares que están dentro del Renabap (Registro Nacional de
Barrios Populares), que es un registro oficial con una ley que lo ampara.
-Ustedes junto con otras organizaciones y con el apoyo de
dirigentes políticos de diversos partidos presentaron el proyecto de Emergencia
en Barrios Populares, que busca garantizar fondos para obras de urbanización e
integración socio-urbana.
Sí y lo que tenemos que visualizar es que no sería un gasto
sino una inversión porque un niño/a o un adolescente que come menos, que no
puede ir a la escuela, que cae como soldadito, después le sale caro a la
Argentina el sostener, el restituir o inclusive el salvar esa vida.
También pensar no en gastos públicos sino en qué invierte el
Estado para poder tener una población a futuro, que pueda estar cuidada porque
después vemos el impacto, por ejemplo, en las trayectorias escolares. Las
pruebas PISA no dieron bien a nivel Argentina, pero si esos alumnos están en la
periferia en una situación de carencia y vulnerabilidad, la escuela hace lo que
puede.
Si ese alumno viene arrastrando una historia familiar
dolorosa, de privación de derechos básicos, es muy difícil que pueda estar
concentrado ocho, seis o inclusive cuatro horas de una jornada escolar.
Por eso, lo que planteamos es cómo cambiar la mirada a nivel
social, que no se vea como un gasto sino que se entienda que cuántas más
familias estén mejor al tener un trabajo, habrá menos angustia, menos deuda,
menos ataques violentos.
Cuánto más prevenimos si invertimos ahí: esa es la propuesta
que nosotros tenemos y de hecho nuestra mirada, junto con las otras
organizaciones, apunta a cómo pueden los propios barrios construir sus espacios
para dar una fuente de trabajo y a la vez mejorar el trabajo que ya existe.
Si se va hacia atrás en el tiempo, ¿Cómo ha sido la
mirada hacia los barrios populares a lo largo de la historia?
-Algo lindo que fuimos notando con el correr de los años es
que al principio en la historia argentina se hablaba de erradicación de las
villas, es decir, saco de un lado y lo pongo en otro como si fuese una planta,
imáginate eso en cinco millones de personas, no se podía hacer.
Entonces, se avanzó al término urbanización: dar algunos
servicios, construir una calle, es decir, mejorar o embellecer esos barrios.
Luego logramos pasar a la integración que busca que las
personas de los barrios populares puedan tener los servicios básicos: agua,
luz, acceso para una ambulancia y en el mejor de los casos que alguien retire
la basura, debido a que, no se puede entrar por los pasillos, no hay calles.
Lo básico cuando uno habla de integración es empezar a ver a
los barrios populares como un aporte a la sociedad y no solamente como un
descarte que hay que acomodar.
En los barrios populares hay fuentes de trabajo, hay
esperanza, hay un club con distintas actividades que no tienen que ir a
buscarse a otro lado, que se pueden llevar a cabo en el barrio como también se
llevan a cabo en otras clases sociales.
Al caminar por los barrios, hablar con la gente, la
realidad con la que se encuentran es que faltan las cosas más básicas: no hay
agua potable, cloacas, electricidad segura, los chicos no pueden ir a la
escuela si llueve.
-Sí y hoy hay dos cosas que son las que más duelen: la falta
de trabajo que hace que se desordene todo e inclusive que en algunos barrios
haya otro tipo de oferta como el narcotráfico y no hablo solo de soldaditos
sino hasta de trabajos oficiales bien pagos como construir una casa.
La otra cuestión es el consumo y el problema de la salud
mental, ambas han crecido muchísimo. A nivel nacional no somos la única
organización que levantamos esta demanda sino que hay muchas otras que también
lo hacen.
A su vez, aumentó la cifra de suicidios que tiene que ver
con situaciones de presión social, de no tener una oferta de trabajo, un
proyecto de vida. Eso realmente nos inquieta y por eso, de nuevo volvemos a
decir lo importante de lo comunitario que sostiene la vida y abraza cuando en
la casa no se está pudiendo sostener lo básico.
Al mismo tiempo, reconocer que los propios vecinos sostienen
lo comunitario: esa mamá que tiene una historia de vida en la que un hijo está
en el consumo, otro se murió, otro está preso o está preocupada porque tiene
que trabajar en cinco casas como personal de limpieza para poder llevar un peso
a su casa y sin embargo, se hace un rato para ir a cocinar para otros y está
pendiente de sus vecinos/as.
Quiero resaltar el lugar de las mujeres que piensan no solo
en sus familias sino también en las demás familias del barrio. De hecho, así se
construye lo comunitario, no se trata solamente de gente que vamos y visitamos
sino la propia comunidad que da su tiempo y que sabe lo que pasa en el lugar en
el que vive.
El Obispo de San Justo, Eduardo García, dijo en la
Universidad Nacional de La Matanza que “la ausencia del Estado permite que
el narcotráfico ocupe su lugar al ofrecer una falsa salida que destruye vidas”.
¿Ustedes ven esto en los barrios, al narco entrando en donde el Estado no está?
-Sí y es una situación que preocupa porque va creciendo y a
veces también vemos que los municipios no dan a basto por distintos motivos: a
veces porque no lo hicieron antes o porque no tienen presupuesto. Entonces
tampoco estamos llegando desde lo local a dar una respuesta y por eso, pensamos
que lo nacional es clave porque puede ayudar en estrategias más grandes.
Los barrios populares tienen una historia en Argentina,
tanto desde lo legislativo (el 10 de octubre de 2018 se sancionó la ley 27.453
que declara de interés público el régimen de integración socio-urbana de los
barrios populares identificados en el RENABAP) y también con la unión entre
varias organizaciones y el Estado para llevar a cabo distintas iniciativas.
Diputados y organizaciones sociales presentaron un proyecto
de Ley de Emergencia en Barrios Populares en la previa a la visita del Papa
Por lo tanto, hay una buena base, no se trata de algo nuevo.
Cuando asume la gestión de gobierno última, el secretario de Integración
Socio-Urbana que en su momento era (Sebastián) Pareja, reconoce que no hubo
irregularidades grandes en el Fondo de Integración Socio Urbana (FISU), el
fideicomiso destinado a la urbanización de barrios populares.
Entonces no entendemos por qué se frenaron esas obras que
hacen tanto bien al barrio y que habilitan espacios físicos de mayor
posibilidad de actividades.
Ahí entra nuevamente el proyecto de Emergencia en Barrios
Populares.
-Por eso, pedimos que por favor atiendan esto y proponemos
que se destine de forma progresiva el 0,0375 del PBI, es una cifra que ni
siquiera llega al 1% y así poder empezar a aplicar estas obras que son tan
necesarias.
Esos niños y niñas no pueden esperar, me acuerdo que el
presidente de Caritas, Monseñor Gustavo Carrara dijo: “Los niños no pueden
pagar lo que los adultos no podemos resolver”.
Estamos a contrarreloj en esta situación y me parece que es
lindo decir que junto a otras fuerzas políticas totalmente distintas estemos de
acuerdo y mismo la Iglesia con organizaciones que no tienen nada que ver con lo
religioso porque lo que nos importa es que estas familias se pongan de pie.
Ya hay una herramienta, no hay que crear nada, simplemente
es tomar la decisión de acompañar esta línea de trabajo.
Otro tema que mencionaste es el suicidio. ¿Ustedes lo ven
más en jóvenes?
-Sí. El punto que más angustia tiene que ver con los jóvenes
y el grueso que más preocupa es el rango que va de los 14 a los 24 años. Lo que
nosotros vemos es que hay desesperación, falta de un proyecto de vida: a dónde
voy, qué hago, con qué me sostengo, cuando no hay espacios más allá de la
familia.
La escuela, por ejemplo, no da a basto y hay jóvenes que
están por fuera de la escuela y además por la edad tampoco tendría que estar en
el sistema escolar.
Ahí se forma un combo nocivo o doloroso, que es lo que lleva
a que haya un alto número de suicidios.
Otro punto es cuántos jóvenes tuvieron intentos de suicidio
y eso no está inscripto.
Por lo tanto, lo que estamos haciendo desde Cáritas
Argentina es replantearnos todos nuestros espacios: capillas, parroquias,
centros comunitarios para transformarlos en centros de escucha con el objetivo
de poder estar alerta a una primera detección y así intentar evitar que suceda.
También buscamos vincularnos con otras organizaciones porque
hay algo general que va más allá de los que dice Caritas, que tiene que ver con
lo que nos está pasando a nivel social: las presiones, las deudas, las redes
sociales, el ritmo acelerado en el que vivimos y en lugares más alejados, la
poca oferta de lo bueno.
Desde Cáritas, ¿Cómo abordan esta situación?
-El año pasado hicimos una escucha llamada “Caminata
Institucional”. Históricamente Cáritas hace escuchas que van desde la periferia
hasta nivel nacional, en donde les hacemos tres preguntas a las personas:
cuáles son tus esperanzas, cuáles son tus dolores de la comunidad y cuáles son
las acciones que ya transforman tu comunidad.
Tuvimos la respuesta de 1.320 comunidades y en primer lugar
salió que sostuviéramos los espacios de salvación comunitaria: apoyos
escolares, arte, deporte, grupos de mujeres, de alimentación, el club, la
capilla.
En segundo lugar mencionaron el trabajo, por un lado, lo que
nosotros hacemos que se llama economía social para llegar a mayor escala y por
el otro, la falta de trabajo.
Tercero aparecieron las adicciones y la salud mental, ahí
vemos que la gran preocupación del pueblo sencillo está ahí.
Luego en el cuarto puesto, las emergencias, las cuales a
nivel país siempre pegan al más frágil, es decir, si hay una inundación nos
inundamos todos, pero aquel que está más cerca del río o en una casa o rancho
vulnerable, sufre un impacto peor.
Esos son los cuatro puntos más grandes que vimos y por eso,
también encauzamos hacia ahí todos nuestros objetivos de trabajo.
Hiciste referencia a las deudas. Diversos estudios
muestran que la mayoría de la gente se endeuda para poder comer
-Sí eso está pasando, nos lo cuentan y lo vemos. Lo más
triste es que la deuda es para poder comer, para comprar remedios, para
intentar llevar el día a día. Después la gente se endeuda para poder pagar esa
deuda que contrajo y se forma así un círculo muy vicioso y complejo.
Además hoy con las billeteras virtuales parece hasta más
fácil porque da la sensación de que te resuelve: la gente dice saco un
préstamo, pero después es muy difícil salir.
Por eso, ponemos el foco en la fuente de trabajo para poder
darles a las familias un ordenador y que puedan tener cierta tranquilidad.
En lo que respecta a nivel político, ¿Por qué crees que
desde el Estado cuesta mirar las realidades de los barrios populares?
Quizás .. yo creo que no se puede amar lo que no se conoce,
eso como base, pero también son conceptos de a dónde tiene que estar el Estado
y dónde no.
¿Ustedes tuvieron reuniones con autoridades del Gobierno,
pudieron tener llegada? ¿Cómo es el vínculo?
-Sí, diálogo tenemos, de hecho Cáritas es recibido. Lo que
pasa es que hay líneas muy generales de a dónde va el Presupuesto y a dónde no,
qué se recorta desde un primer momento cuando el presidente dijo que se
cortaban las obras. Eso complejizó todo.
Pero sí nosotros estamos en diálogo y de hecho, el proyecto
de Emergencia en Barrios Populares lo acercamos para que pueda considerarse,
aún estamos a la espera de una respuesta.
Lo que se tiene que hacer es aprobar el Presupuesto y poder
ejecutarlo. Hay 600 obras paradas al día de hoy que tenían entre un 50% y un
60% de desarrollo.
Esa decisión no solo para la obra de trabajo en ese momento
sino que la estructura de trabajo no termina de armarse. Es como cuando vos
empezás un cimiento y lo dejás ahí, después se te viene abajo.
Por eso, pedimos la urgencia y por eso, el proyecto de ley
es de emergencia sobre barrios populares.
Decías que no se puede amar lo que no se conoce. ¿A las
autoridades de gobierno les falta mirar esos lugares, ir y recorrerlos?
-Quizás es moderar, tener un equilibrio entre ajustar lo que
no salía bien y no cortar todo.
Creemos que es válido auditar porque son fondos públicos,
nosotros como organización contamos todo sobre lo que trabajamos, pero si no
hay irregularidad y hay impacto positivo no se puede volver para atrás.
Yo creo que eso es lo más difícil de la gestión cuando no se
conoce. Volver algo para atrás que estaba saliendo bien y teniendo buen impacto
a nivel social, no digo a nivel individual de una organización, esto es a nivel
social porque nos pone de pie como comunidad.
Quizás falta más diálogo entre los estamentos del Estado:
nacional, provincial y municipal.
También tiene que haber una transición porque cuando los
cambios son muy bruscos, el impacto se lo lleva el más pobre.
Nosotros lo que decimos es que acompañamos esa transición,
nos ponemos a disposición, pero somos una organización dentro de la Iglesia no
es gestionamos dentro del Estado.
Creo que tiene que ver con conceptos, con conocer, con
confiar. El Estado tiene que reconocer que hay organizaciones serias detrás de
esta propuesta y que también hay fuerzas políticas de distinto origen que están
velando porque esto se subsane.
¿Y como sociedad entendemos lo que pasa en los barrios
populares?
-Como pueblo argentino somos muy solidarios, cuando hay una
emergencia se para el país y es emocionante. Lo que quizás no se conoce es el
día a día de esa periferia donde también hay potencial y fuentes de trabajo.
Creo que como sociedad nos falta reconocer que en los
barrios más pobres no solo hay carencia o personas pobres, también hay
potencial de trabajo, esperanza, formas de organizarse. Reconocer el lado bueno
de los barrios más pobres, ahí falta un camino como mirada social.