El Niño acumula nieve récord en la cordillera de San Juan

El Niño acumula nieve récord en la cordillera de San Juan

La cordillera de San Juan acumula esta temporada una de las mayores cantidades de nieve de las últimas décadas, y eso podría traducirse en más agua para el río San Juan durante el próximo verano. El fenómeno se da en el marco de El Niño, que la Organización Meteorológica Mundial (OMM) calificó como «muy fuerte» y que seguiría activo con una probabilidad cercana al 100% hasta febrero de 2027. La provincia, que atraviesa una de las sequías más largas de su historia, vuelve a preguntarse cuánta agua bajará en el ciclo 2026-2027.

El Niño es la fase cálida de un ciclo climático natural que se repite cada pocos años en el océano Pacífico, conocido como ENOS (El Niño-Oscilación del Sur). Ocurre cuando el agua se calienta por encima del promedio y eso cambia, a nivel mundial, los patrones de lluvia: donde antes llovía poco puede llover más, y al revés. Los organismos internacionales miden el fenómeno con la temperatura del mar en la región Niño 3.4, en el Pacífico central, y el actual episodio ya alcanzó una intensidad «muy fuerte», algo que solo había ocurrido en 1982-83, 1997-98 y 2015-16.

En Sudamérica, El Niño suele dejar más lluvia en la cordillera de Cuyo y el Litoral, aunque el efecto no es automático: depende de cómo se combine con otros fenómenos oceánicos y atmosféricos, según los mismos organismos climáticos.

El geofísico Silvio Pastore, profesor de la Universidad Nacional de San Juan (UNSJ) y coordinador del Gabinete de Estudios de Geocriología, Glaciología, Nivología y Cambio Climático de esa casa de estudios, sigue el fenómeno desde la montaña. Su equipo monitorea los glaciares, los suelos con hielo permanente y la nieve de la cordillera, un clima distinto al del valle sanjuanino, aclaró.

Según Pastore, lo llamativo de este invierno no es solo la cantidad de nieve sino cómo se acumuló. En los últimos años, explicó, caían nevadas aisladas de 40 a 50 centímetros que después se perdían: expuesta al sol y al viento seco, buena parte de esa nieve se sublimaba, es decir, pasaba de sólido a vapor sin llegar a convertirse en agua para el río. Eso fue lo que ocurrió en el ciclo que está terminando, cuando Hidráulica había pronosticado un derrame de 950 hectómetros cúbicos (hm³) y terminará entre 630 y 640 hm³.

Este año, en cambio, entraron a la cordillera sucesivos frentes de tormenta desde el Pacífico durante semanas. La intensidad quedó reflejada en el cierre del paso Cristo Redentor, bloqueado 34 días consecutivos entre julio y agosto, el más prolongado del que hay registro reciente.

Cada nevada protegió a la anterior de derretirse antes de tiempo y permitió que las capas se compactaran en lugar de perderse, explicó Pastore. Según la Secretaría de Recursos Hídricos, la acumulación en algunos puntos de la cordillera superó los dos metros de nieve compactada, cinco veces más que en la misma fecha del año pasado.

Pastore comparó el escenario actual con el de 1997, el antecedente más cercano de un Niño de esta magnitud. Esa temporada el río San Juan tuvo un derrame de 3.935 hm³, casi el doble de su promedio histórico, calculado en unos 1.993 hm³ anuales.

Con los datos disponibles, el geofísico estimó que el ciclo 2026-2027 podría acercarse a ese valor, aunque aclaró que se trata de una lectura preliminar. El número definitivo se sabrá cuando Hidráulica complete los cateos de nieve (mediciones en el terreno de la altura y la densidad de la nieve), previstos para las próximas semanas. El pronóstico hídrico oficial para el nuevo ciclo se conocerá en octubre.

Tanta nieve acumulada también implica un riesgo. Según la Secretaría de Recursos Hídricos, el caudal máximo de los ríos San Juan y Jáchal se concentra entre noviembre y enero, cuando el deshielo llega a su pico, y si en esas semanas se suman lluvias intensas de verano —más probables este año en el oeste de Cuyo por El Niño, según el Servicio Meteorológico Nacional—, el agua puede bajar rápido y en gran volumen.

Pastore ubicó la ventana de mayor riesgo entre mediados de diciembre y enero, con posibilidad de extenderse a febrero, y pidió no relajar la prevención porque son situaciones extraordinarias sobre las que hay poca experiencia reciente. No se trata de un caudal atípico para el río, dijo, sino de una situación agravada por los años en que la actividad avanzó sobre cauces que quedaron secos durante la sequía y hoy tienen obras y defensas sin mantenimiento.

Pastore evitó hablar de un fin de la sequía. Para él, la condición natural de la región es árida, y lo esperable es que a estos períodos húmedos les sigan nuevos ciclos secos: calculó que el actual podría durar entre dos y tres años, y que después volvería una sequía de entre seis y ocho.

La tendencia de fondo viene cayendo hace más de un siglo: el promedio del río pasó de unos 1.960 hm³ anuales en la década de 1910 a alrededor de 1.200 hm³ en la de 2010, según el Observatorio Ambiental de San Juan.

Por eso, planteó Pastore, la prioridad de estos meses no debería ser entregar más agua a la producción solo porque hay disponibilidad. En junio, productores vitivinícolas denunciaron pagos hasta un 33% por debajo de los valores de referencia, y una mayor oferta de uva podría profundizar la caída de precios en lugar de aliviarla.

El geofísico se sumó así a un reclamo que distintas instituciones vienen planteando en la provincia: avanzar hacia un esquema de riego por demanda, en el que el agua llegue a la planta según su necesidad real y no según un cupo fijo por turno, como ocurre hoy.

Entre las prioridades para este período de abundancia, mencionó la recarga de los acuíferos —que perdieron entre uno y tres metros de nivel por año en los últimos cinco, según la UNSJ—, la recuperación de las vegas de alta cordillera y la del sistema de lagunas de Guanacache, el humedal que San Juan comparte con Mendoza y San Luis y que está reconocido por la Convención Ramsar.

Pastore también explicó el vínculo entre el viento Zonda y las nevadas de alta cordillera: los mismos frentes del oeste que dejan nieve en la montaña producen, al bajar ya secos hacia el valle, el viento cálido característico de la región. Aclaró, de todos modos, que la relación no es automática: no toda nevada viene con Zonda.

Con el pronóstico hídrico oficial todavía pendiente para octubre, la certeza más firme sigue siendo la de los organismos internacionales: El Niño seguirá activo, al menos, hasta el verano que viene.