
Elizabeth Lombardi tiene 64 años, es madre, abuela y acaba de cumplir uno de los grandes sueños de su vida: recibirse de licenciada en Archivística en la Facultad de Filosofía, Humanidades y Artes de la Universidad Nacional de San Juan (UNSJ). Su historia es la de una mujer que, pese a las adversidades, decidió apostar por sus proyectos personales y demostrar que nunca es tarde para empezar de nuevo.
“Soy una mujer, soy madre, soy abuela. A mis 57 años comencé a estudiar la licenciatura en Archivística”, contó en diálogo con TELESOL. Después de formar una familia y acompañar el crecimiento de sus dos hijos, quienes ya son profesionales, decidió dedicarle tiempo a una meta que había quedado pendiente.
“A pesar de ser grande, decidí afrontar mis sueños, cumplir mis sueños. Pienso que no es imposible, no es cierto que la edad no es un impedimento”, expresó con emoción.
El camino hacia el título no significó dejar de lado sus responsabilidades. Elizabeth continuó trabajando mientras cursaba la carrera, atendía su hogar y compartía tiempo con sus hijos y nietos. Con esfuerzo y organización, consiguió avanzar en los estudios sin extender los plazos previstos. Al tercer año obtuvo el título intermedio de tecnicatura y finalmente alcanzó la licenciatura.
“Todo fue en conjunto. La llevé en tiempo y en forma, así que la pude terminar a tiempo”, recordó. También destacó el acompañamiento de sus seres queridos y de los docentes que la ayudaron durante el recorrido académico.
Pero detrás de este logro hay una historia atravesada por situaciones profundamente dolorosas. Cuando era adolescente, Elizabeth perdió a su madre durante un robo en el que fue asesinada. Ella también fue víctima del ataque y recibió un disparo en uno de sus brazos.
A lo largo de los años debió afrontar otras situaciones difíciles, como un divorcio y el incendio de su vivienda. Sin embargo, ninguna de esas experiencias logró apagar sus ganas de superarse.
“Pero a pesar de todos esos impedimentos, no obstaculizó que yo pudiera estudiar, que pudiera cumplir el sueño de ser una profesional”, sostuvo.
Su graduación también tuvo un significado especial puertas adentro. Elizabeth siente que el esfuerzo realizado trascendió su propia satisfacción y se convirtió en un ejemplo para sus hijos y, especialmente, para su nieta de apenas cinco años, que ya demuestra interés por los libros y el estudio.
“Además de ser un logro personal, ha sido un ejemplo para mi familia”, señaló. Según contó, sus hijas le expresan el orgullo que sienten por ella: “Mamá, estamos orgullosas de vos, todo lo que hiciste a tu edad, qué bien, sos un gran ejemplo para nosotras”.
La flamante licenciada también eligió un tema de relevancia para la memoria sanjuanina como eje de su tesis: el terremoto de 1977. Su intención fue aportar conocimientos sobre un episodio que, según explicó, suele recibir menos atención que el devastador sismo de 1944.
Para desarrollar el trabajo recorrió distintos lugares en busca de documentación hasta que encontró material en el Archivo General de la Provincia, donde pudo avanzar con la investigación. Su interés por la historia no terminó con la entrega de la tesis: actualmente cuenta con una beca del SISITCA, otorgada por la UNSJ, y participa en equipos de investigación del Instituto Regional de Historia Argentina.
“Yo pensé que me recibía y acá terminó, no, sigue y sigue. Así que bueno, muy feliz”, relató sobre esta nueva etapa, en la que continúa ampliando sus conocimientos y trabajando junto a profesores y otros profesionales.
A sus 64 años, Elizabeth mira hacia atrás con orgullo, pero también piensa en lo que viene. Su experiencia la llevó a compartir un mensaje para quienes todavía tienen una meta pendiente o creen que el tiempo para estudiar ya pasó.
“Todas aquellas personas que hayan tenido un sueño trunco, que no hayan podido terminar sus estudios o que quieran empezar, que se anoten, porque nada es imposible, nunca es tarde para empezar y para cumplir un sueño”, aconsejó.
Y en medio de la emoción por el título conseguido, quedó una dedicatoria íntima, dirigida a la persona que ya no está, pero que sigue presente en su historia. Al imaginar qué le diría hoy a su mamá, Elizabeth respondió conmovida: “Viste mamá, que se puede, que pude llegar, viste que todo es posible, que me pueda ver desde el cielo, que me pueda ver recibida, la verdad que sí”.