
El Vaticano selló la residencia oficial del Papa Francisco este lunes por la tarde, en una ceremonia cargada de simbolismo que marcó el inicio del período de luto y la declaración de «sede vacante», tras la confirmación de su fallecimiento. El pontífice murió a los 88 años a causa de un derrame cerebral que derivó en insuficiencia cardíaca.
El gesto tradicional se llevó a cabo en el Palacio Apostólico: funcionarios vaticanos ataron una cinta roja en las manijas de la puerta de la residencia papal y, sobre ella, vertieron cera líquida en la que imprimieron el sello oficial del Papa Francisco. El acto fue supervisado por el cardenal Kevin Joseph Farrell, actual camarlengo, quien verificó personalmente el cierre del acceso.
Este rito forma parte de la tradición católica que se activa con la muerte de un pontífice y tiene como objetivo resguardar los espacios privados del Papa hasta que se elija a su sucesor.
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