
En una calle conocida de Villa Lugano, departamento San Martín, vive Rafael Paredes, más conocido como «Pucho». Tiene 53 años, una vida marcada por el trabajo honrado, el amor por su familia y la pasión por el Club Del Carril. Su oficio, el cañizo, es más que una labor para él: es un arte que cultiva desde hace más de 20 años y que se ha convertido en su identidad.
«Gracias a Dios, hace más de 20 años que estoy con los cañizos», dice con humildad. Pucho no solo fabrica con maestría este tradicional techado natural, también es albañil, realiza eventos, hace catering y reparte agua a domicilio. Es un todoterreno del trabajo, alguien que, como dice con orgullo, «le hace a todo».
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