
Fue un último gesto que encarna todo el espíritu de su pontificado, dedicado a los «marginados»: en Santa María la Mayor, donde fue enterrado, el féretro de Francisco fue recibido por un grupo de migrantes, transexuales, pobres y presos.
En la explanada de la basílica, 40 invitados especiales, organizados por Caritas del Vaticano y la Comunidad de Sant’Egidio, esperaron para recibir el ataúd con una rosa en la mano.
«La Comunidad de Sant’Egidio participará en el funeral del Papa Francisco con su pueblo, empezando por los pobres que lo conocieron y lo amaron durante su pontificado», expresó la comunidad en un comunicado.
La noticia fue anunciada en un comunicado de la Santa Sede, que destacó que «los pobres tienen un lugar privilegiado en el corazón de Dios», así como «en el corazón y en la enseñanza del Santo Padre, que eligió el nombre de Francisco para no olvidarlos nunca».
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