
Hablar de salud mental dejó de ser un tema reservado para unos pocos y cada vez ocupa más espacio en las conversaciones cotidianas. Sin embargo, que exista mayor conciencia no significa que pedir ayuda resulte sencillo para todos.
El miedo, la vergüenza, el estigma o la idea de que “hay quienes están peor” todavía pueden funcionar como barreras a la hora de consultar con un profesional.
En el marco del Día Mundial para la Prevención del Suicidio, que se conmemora cada 10 de septiembre, Telesol Diario dialogó con la Lic. Micaela Olivera, psicóloga (M.P. 1709), especialista en el abordaje de trastornos de ansiedad y diplomada en inteligencia emocional, quien trabaja desde el enfoque cognitivo-conductual.
La profesional explicó cuáles son los principales obstáculos que pueden retrasar una consulta, cuándo es recomendable acudir a terapia y qué aspectos tener en cuenta al momento de elegir un psicólogo.
Las barreras para pedir ayuda
Dar el primer paso y consultar con un profesional no siempre resulta sencillo. Hay personas que, aun cuando atraviesan un malestar emocional, encuentran distintas razones para postergar la búsqueda de ayuda.
“Una de las principales es el estigma social, que si bien es menor, en algún punto continúa estando, esta idea errónea de que pedir ayuda significa ser débil, no poder solo o que ‘hay personas que están peor’”, explica.
A esto se suma una dificultad que puede pasar inadvertida: no siempre es sencillo reconocer que algo no está bien.
“Muchas veces una persona se acostumbra a vivir con ansiedad, tristeza, irritabilidad o agotamiento y termina naturalizando el malestar emocional”, señala la profesional.
Otro de los factores es esperar a que el sufrimiento sea demasiado intenso para considerar que la terapia está justificada. Para Olivera, la consulta psicológica no debería pensarse únicamente como una respuesta ante una crisis.
“También puede ser un espacio de prevención, autoconocimiento, revisión de creencias limitantes y desarrollo de recursos para afrontar distintas situaciones de la vida, sin que necesariamente éstas causen un malestar grave”, sostiene.
A las barreras emocionales se agregan otras más concretas, como las dificultades económicas, los tiempos disponibles y la posibilidad de compatibilizar un tratamiento con las responsabilidades cotidianas. Ante esto, es importante conocer las distintas alternativas de atención disponibles y buscar opciones que permitan sostener el tratamiento de acuerdo con las posibilidades de cada persona.
El «momento ideal» para acudir a terapia
Una de las principales ideas que plantea Olivera es que pedir ayuda no debería ser el último recurso.
“Una persona puede recurrir a un profesional porque siente que hay algo que quiere comprender, modificar o trabajar, aunque su vida cotidiana no se vea gravemente afectada por su malestar emocional”, afirma.
En ese marco, también llamó la atención sobre una idea bastante extendida: creer que, si una persona continúa cumpliendo con sus obligaciones, necesariamente se encuentra bien.
“A veces pensamos que si podemos levantarnos, trabajar, estudiar, cuidar a nuestros hijos o mantener nuestras relaciones, entonces ‘estamos bien’. Pero el funcionamiento externo no siempre refleja cómo se encuentra una persona internamente”.
En ese sentido, consultar puede servir para trabajar diferentes aspectos de la vida cotidiana antes de que el malestar se vuelva incapacitante. “No hay que esperar a estar desbordados para empezar a cuidarnos”.
¿Cómo elegir un psicólogo y un enfoque terapéutico?
Otra de las dudas que pueden aparecer al momento de buscar ayuda tiene que ver con la elección del profesional y del tipo de terapia.
Para Olivera, hay un aspecto fundamental: que el profesional esté debidamente formado y habilitado para ejercer, pero también que exista un vínculo que permita desarrollar el proceso terapéutico con confianza.
“Considero fundamental que la persona pueda sentirse escuchada, respetada y segura para hablar de aquello que le sucede sin sentirse juzgada. Esta alianza terapéutica que se forma entre el psicólogo y el paciente, es la verdadera base de todo el proceso”, explica.
En cuanto a los diferentes enfoques, la especialista remarcó que no existe una única terapia que funcione de la misma manera para todas las personas.
«Hay distintos modelos psicoterapéuticos, con un bagaje particular de teóricas y técnicas, pero lo importante es que el profesional pueda evaluar qué necesita esa persona, cuáles son sus objetivos y qué herramientas pueden resultar más adecuadas”, señaló.
También recomienda que el paciente se anime a preguntar y conocer cómo trabaja el profesional antes de comenzar con la terapia.
“Elegir un psicólogo no debería vivirse como algo irreversible: las primeras sesiones también permiten evaluar si existe comodidad y si la modalidad de trabajo resulta adecuada”, indica.
La terapia, ¿una solución inmediata?
Una vez tomada la decisión de consultar, también aparece otra cuestión: qué esperar de las primeras sesiones.
“La terapia es un proceso de trabajo interno, en el que paciente y terapeuta construyen conjuntamente una comprensión de aquello que está generando malestar y buscan desarrollar recursos para afrontarlo de una manera diferente”, afirma Olivera.
Durante las primeras sesiones, suele reconstruirse la situación actual, la historia de la persona, el motivo de consulta y aquello que espera conseguir. También comienzan a identificarse patrones relacionados con pensamientos, emociones, conductas y vínculos.
Por eso, una de las claves es ajustar las expectativas.
“La terapia no funciona como una fórmula mágica ni ofrece respuestas inmediatas. A veces incluso implica atravesar momentos incómodos, porque cambiar determinadas formas de pensar, sentir o relacionarnos requiere tiempo y práctica”, sostiene.
Esto no significa que el proceso deba ser indefinido. Por el contrario, es necesario plantear objetivos y poder revisarlos periódicamente.
“Hay cosas que pueden comenzar a sentirse distintas desde las primeras sesiones, pero no siempre significa sentirse bien inmediatamente; sino que significa empezar a comprender qué está pasando y adquirir herramientas para hacer algo diferente con ello”.
Animarse a hablar, el primer paso
Para quienes llevan tiempo pensando en comenzar terapia pero todavía no se deciden, Olivera propone quitarle peso a la idea de que hay que llegar a la primera consulta con todo resuelto.
“No es necesario tener todo claro antes de consultar. Muchas personas creen que primero tienen que saber exactamente qué les pasa, por qué les pasa y qué deberían trabajar. Y justamente una de las funciones de la terapia es ayudar a construir esas respuestas”, sostuvo.
Además, es importante preguntarse qué está frenando ese primer paso.
“Puede ser miedo, vergüenza, dudas, experiencias previas negativas o simplemente la sensación de que ‘no es para tanto’. Todas esas razones pueden ser conversadas en terapia”, afirma.
Para la psicóloga, pedir ayuda no es una señal de debilidad. Tampoco es necesario esperar a estar al límite para hacerlo. Hablar, escuchar y buscar acompañamiento profesional pueden ser parte de una estrategia de cuidado y prevención.
“Muchas veces, el primer acto de cuidado hacia uno mismo es simplemente animarse a decir: ‘esto me está pasando y no quiero seguir atravesándolo solo’”.