
Cuando la tarjeta, el banco o la casa de crédito ya no son una opción, cada vez más familias sanjuaninas recurren a préstamos informales para conseguir dinero rápido. Según fuentes calificadas consultadas, esta modalidad creció en los últimos meses y combina un objeto como garantía (empeño), intereses que pueden llegar al 80% y un plazo de devolución que en muchos casos es una sola cuota.
La mecánica es simple: la persona entrega un objeto como garantía a cambio del dinero solicitado. En algunas operaciones el interés llega hasta el 80% y el préstamo se cancela en una única cuota, casi un mes después de haber recibido el dinero.
Para acceder a este tipo de crédito también se pide documentación personal. Entre los requisitos habituales aparece el envío de fotos del DNI, de frente y de dorso, para verificar los datos de quien solicita el dinero.
El fenómeno se da en un contexto de creciente endeudamiento de los hogares. Un relevamiento de Amas de Casa del País sobre 400 personas durante junio mostró que 301 encuestados (75,25%) tenían deudas, y entre quienes usaron financiamiento, el 94% destinó el dinero a comprar alimentos.
Del resto de los que se endeudaron, el 67,4% pagó servicios y el 53,2% afrontó gastos de salud. La garantía ocupa un lugar central en el esquema: el objeto entregado en empeño debe valer más que el dinero prestado más los intereses.
Según la información recogida, el primer préstamo puede superar el $1.000.000. A partir de ahí, las condiciones varían según el monto pedido, la garantía ofrecida y la evaluación que se haga del bien.
Qué pasa si el préstamo se atrasa
El costo no termina en el interés inicial. Ante los atrasos en los pagos, algunos esquemas llegan a cobrar entre $10.000 y $30.000 por cada día de demora, por lo que un retraso puede disparar rápido el monto final a devolver.
La forma de pago tampoco es igual en todos los casos. Puede pactarse una cancelación semanal, quincenal o mensual, según las condiciones acordadas y el tipo de operación.
El objeto como garantía del dinero
Otra modalidad consiste en pedir un empeño físico con un valor igual o hasta el doble del dinero requerido. Primero se evalúa el objeto ofrecido, se fija una cotización según su estado y recién después se hace la oferta de crédito.
Una vez cancelado el préstamo, el bien puede devolverse según lo pactado o volver a usarse como garantía para acceder a otro préstamo. Así, el acceso al dinero queda atado a tener un objeto de valor para dejar como respaldo.
Una alternativa cuando se agotan las vías tradicionales
El fenómeno continúa una tendencia que ya se había notado en la provincia. En agosto, desde el sector comercial habían señalado un aumento en la concurrencia a las casas de crédito, donde muchas personas buscaban montos chicos para llegar a fin de mes o pagar gastos cotidianos.
El relevamiento de Amas de Casa del País también mencionó gastos en educación y transporte entre los destinos del dinero obtenido. Entre las deudas acumuladas, los servicios públicos aparecieron primero, seguidos por las tarjetas de crédito y los préstamos personales.
Las fuentes consultadas remarcaron que hay demanda de dinero, pero que no se presta a cualquiera. La capacidad de pago y, sobre todo en los casos con empeño, el valor de la garantía son los factores centrales para definir cuánto dinero se entrega.
El préstamo informal se suma así a una cadena de alternativas a las que recurren algunas familias cuando ya tienen comprometida su capacidad de pago: primero las tarjetas, los bancos o las casas de crédito, y cuando esas puertas se cierran, aparecen otras vías basadas en garantías personales o bienes.
La advertencia de los inquilinos sobre la cadena de deudas
Víctor Bazán, presidente de la Asociación de Inquilinos de San Juan, vinculó este escenario con el nivel de endeudamiento que ve entre quienes consultan en la entidad. Contó que casi todos los inquilinos que se acercan por problemas económicos llegan con alguna deuda, y que muchos terminan tomando préstamos con costos que, a su criterio, rozan la usura (cobrar intereses excesivos).
Bazán explicó que la necesidad de cubrir gastos esenciales, cuando no alcanzan los ingresos y se cierran otras fuentes de financiamiento, puede llevar a aceptar condiciones que no son las ideales. Ahí ubicó el recurso a los préstamos informales y otras alternativas de financiamiento.
El dirigente también planteó que es difícil determinar cuándo una tasa constituye usura en términos legales. Dijo que, aunque la figura está en el Código Civil, hacen falta parámetros claros sobre los máximos y mínimos aplicables para poder analizar cada operación.
Su mayor preocupación es que una refinanciación termine trasladando la deuda hacia adelante. Describió una dinámica en la que una persona toma un préstamo para cancelar otro y vuelve a endeudarse para afrontar el nuevo compromiso, algo que definió como los «préstamos de los préstamos».