El RIGI promete crecimiento, pero las provincias parten de realidades diferentes

El RIGI promete crecimiento, pero las provincias parten de realidades diferentes

El desarrollo de Vaca Muerta convirtió
a Neuquén en un caso de referencia para las provincias que apuestan a
las grandes inversiones como motor de crecimiento. Ahora, con el Régimen de
Incentivo para Grandes Inversiones (RIGI), la
expectativa se extiende especialmente a los distritos mineros, aunque los
indicadores de pobreza y desocupación muestran que el punto de partida es muy
distinto en cada región, de acuerdo a un informe publicado por MEMO.

Según los datos del Instituto Nacional de Estadística y
Censos (INDEC) correspondientes al primer semestre de 2026, el
aglomerado Neuquén-Plottier registró una pobreza del
19,6%. La desocupación,
medida en el segundo trimestre, fue del 3,2%.

El contraste aparece al observar otras zonas del país. En el
Gran San Juan, la pobreza llegó al 38,2%, la tasa más alta entre los
aglomerados incluidos en la comparación, aunque la desocupación también se
ubicó en el 3,2%. Mendoza, por su parte, integra el grupo de distritos donde la
pobreza supera el promedio nacional del 32,3% y el desempleo está por encima de
la media del país.

La experiencia neuquina alimenta las expectativas sobre el
efecto que podrían tener las inversiones en minería, hidrocarburos e
infraestructura. Sin embargo, los economistas consultados por Bloomberg
Línea coinciden en que el impacto social no será inmediato y que el
crecimiento de la actividad puede generar desequilibrios durante las primeras
etapas.

Neuquén, el antecedente que mira el resto del país

La evolución de los indicadores neuquinos refleja un proceso
de transformación anterior a la creación del RIGI. En la última década, el
desarrollo de Vaca Muerta impulsó la actividad económica provincial y
estuvo acompañado por una mejora de los indicadores sociales.

En Neuquén-Plottier, la pobreza pasó del 34,5% en
2016 al 19,6% en el primer semestre de 2026. En el mismo período de referencia,
la desocupación descendió del 6,7% al 3,2%.

Para Gabriel Camargo, de Outlier, esta evolución está
vinculada con el crecimiento de la actividad hidrocarburífera. El
economista señaló que el RIGI no originó esas inversiones, sino que contribuye
a acelerarlas. Una dinámica similar, sostuvo, se observa en la minería, cuyo
desarrollo comenzó antes de la puesta en marcha del régimen, pero recibió un
nuevo impulso con su aprobación.

Camargo también recordó que la actividad minera en Catamarca
tiene antecedentes de más de dos décadas, con proyectos como Bajo La
Alumbrera. A su juicio, el proceso de expansión fue gradual y ahora se
acelera con la aprobación de nuevas normas y la incorporación de inversiones al
RIGI.

San Juan aparece como la próxima gran apuesta minera

El régimen acumula 27 proyectos aprobados, con
inversiones comprometidas por cerca de U$S 73.000 millones y más de 137.000
puestos de trabajo proyectados, según el relevamiento citado por Bloomberg
Línea. Las iniciativas están distribuidas en diez provincias con condiciones
económicas y sociales diferentes.

El tablero oficial del Ministerio de Economía
contabilizaba 25 proyectos, con compromisos por U$S 68.438 millones y
118.651 empleos previstos. A ese conjunto se sumaron dos aprobaciones que
todavía no figuraban en el registro: la inversión de Toyota por U$S
1.341 millones en Zárate y el proyecto de Transportadora de Gas del Sur
(TGS) para procesar líquidos del gas natural de Vaca Muerta.

La iniciativa de TGS contempla una inversión superior a U$S
3.200 millones, un ducto de 577 kilómetros y una planta en Bahía Blanca
desde la que se exportarán líquidos del gas natural. Durante la etapa de
construcción, se estima que demandará 19.000 empleos.

Por sectores, la minería reúne 12 proyectos aprobados y
el petróleo y gas, otros 11. Las iniciativas restantes corresponden a energía
eléctrica, siderurgia, infraestructura y automotriz.

Neuquén concentra el mayor volumen de inversión
comprometida: el registro oficial contabilizaba cinco proyectos por U$S 24.859
millones, a los que se suma la iniciativa de TGS.

Fernando Marrul, economista de FMyA, considera que la
próxima gran expansión podría llegar de la mano de la minería. «La
próxima oleada tipo Vaca Muerta va a ser en las provincias mineras y la
dinámica va a ser muy similar», afirmó.

En ese escenario, identificó a San Juan como el
principal candidato para protagonizar una transformación comparable, aunque
centrada en la actividad minera. También mencionó a Salta y Catamarca como
distritos con potencial de crecimiento.

Para Marrul, el desarrollo de estos proyectos puede
extenderse a otras actividades, como la industria metalmecánica y la
construcción, además de generar demanda laboral dentro y fuera de las
provincias productoras.

«Un proyecto minero demanda gente, camionetas,
hormigón, energía», describió. Ese movimiento, agregó, podría
impulsar empleos mejor remunerados y repercutir posteriormente en el mercado
inmobiliario.

El crecimiento puede tardar en reflejarse en la pobreza

La expectativa de una mejora social no implica que los
beneficios se distribuyan de inmediato. Sebastián Menescaldi, de
Consult, consideró probable que el RIGI contribuya a elevar los ingresos y
reducir la pobreza y la desocupación, aunque advirtió que el proceso llevará
tiempo.

El economista señaló que el desarrollo acelerado de una
actividad puede producir desequilibrios, como sucede en Vaca Muerta, donde los
salarios del sector petrolero conviven con una oferta de viviendas limitada y
costosa. Esa situación genera dificultades para quienes no trabajan en la
actividad y no acceden a sus niveles salariales.

Menescaldi planteó que, a mediano plazo, esas diferencias
podrían moderarse, pero advirtió que el ritmo de expansión inicial puede
generar tensiones en las localidades receptoras de inversiones.

Camargo coincidió en que una llegada masiva de
trabajadores puede provocar un aumento transitorio de la pobreza. Como
antecedente, mencionó lo ocurrido en Comodoro Rivadavia durante las
primeras etapas de expansión petrolera: la llegada de personas que buscaban
empleo elevó inicialmente la presión social, antes de que el crecimiento de la
actividad contribuyera a mejorar los indicadores.

A largo plazo, sostuvo, las nuevas oportunidades laborales
también atraen población que busca mejorar sus condiciones de vida. El desafío
es que la expansión económica pueda traducirse en empleo sostenido y mejores
ingresos para los habitantes.

En ese sentido, Camargo remarcó que la reducción duradera de
la pobreza depende de un proceso de crecimiento continuo que genere
oportunidades. «No hay nada mágico ahí», afirmó. También
señaló que una inflación baja o en descenso favorece una mejora más pronunciada
de los indicadores sociales.

Mendoza y San Juan, frente a un punto de partida más
exigente

La comparación entre los aglomerados revela que las
inversiones potenciales no encontrarán las mismas condiciones en todas las
provincias. Siete de los 12 aglomerados relevados registraron niveles de
pobreza superiores al promedio nacional del 32,3%.

Entre ellos, Mendoza, el conurbano bonaerense y San
Nicolás combinan pobreza elevada con tasas de desocupación superiores a
la media nacional. En cambio, Jujuy, Salta, Catamarca y Río Negro
presentan altos niveles de pobreza, pero un desempleo relativamente bajo.

También hay casos que muestran otra combinación de
indicadores. Viedma-Carmen de Patagones registró la menor desocupación
del cuadro, con un 0,7%, mientras que Rosario y Bahía Blanca tuvieron
tasas de desempleo elevadas pese a mantener la pobreza por debajo del promedio
nacional. La Pampa quedó por debajo de la media en ambos indicadores.