La sanjuanina que se fue detrás de una pelota y volvió con una historia para contar

La sanjuanina que se fue detrás de una pelota y volvió con una historia para contar

Hay personas que se van de San Juan, pero San Juan nunca termina de irse de ellas.

Erica Campbell lleva 26 años viviendo en España. Allí construyó una carrera, jugó al vóley, fue entrenadora, se formó como Técnica en Nutrición y Dietética y encontró una nueva vida. Pero cada dos años vuelve. No importa cuánto haya pasado ni cuántos kilómetros haya entre Cantabria y esta tierra seca que la vio crecer: cada dos años, las fiestas tienen reservado un lugar para regresar a casa.

Esta vez, sin embargo, volvió antes de lo previsto.

Y no volvió sola.

A su lado llegó Antonio, su hijo de 12 años, que tuvo la oportunidad de conocer de cerca una parte de la historia de su mamá que hasta entonces probablemente conocía más por relatos familiares que por experiencia propia.

El estudio de La Tarde es Nuestra, el programa conducido por Marisa López, terminó convirtiéndose en un pequeño viaje en el tiempo.

Porque hablar con Erica es hablar de una decisión que cambió una vida
Imagen insertadaErica Campbell y su hijo Antonio  en el programa La Tarde es Nuestra junto a Marisa Lopez. 

Un llamado desde España y una valija preparada en dos semanas

En el año 2000, Erica era profesora de Educación Fisica y trabajana para  la Universidad y jugaba al vóley. Hasta que un día sonó el teléfono.

Del otro lado había un hombre que hablaba español, pero con un acento diferente.

Era el representante del equipo de Torrelavega, en España. Le habían dado su número de teléfono y quería saber si estaba dispuesta a cruzar el océano para jugar al vóley.

Erica se quedó congelada.

¿Era una broma?

No lo era.

Los datos que le dio aquel hombre coincidían y había, además, un nombre que le terminó de confirmar que aquella llamada era real: Roberto Frugoni, integrante del cuerpo técnico de la Selección Argentina.

Entonces tuvo que tomar una decisión.

Y la tomó rápido.

En apenas dos semanas dejó en pausa la universidad y preparó el viaje.

El 22 de noviembre llegó a España, en pleno invierno. La recibió la lluvia, el frío y un lugar completamente diferente al que conocía.

“Yo decía: no aguanto una semana”, recordó entre risas.

Aguantó mucho más.

Pasaron 26 años.

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Del vóley a una nueva vida

El deporte fue durante mucho tiempo el centro de su existencia.

Antes de España había pasado por instituciones importantes, había jugado en Mendoza, había vestido la camiseta de la Selección Argentina y había construido una carrera que la llevó finalmente al otro lado del Atlántico.

Después vendría otra etapa: fue entrenadora y continuó vinculada al deporte desde otro lugar.

Pero Erica también entendió que había vida más allá de la cancha.

En España se recibió de Técnica en Nutrición y Dietética y actualmente trabaja en una consulta de nutrición deportiva, vinculada especialmente con la alimentación y suplementación de deportistas.

Y aunque el vóley ya no ocupa sus fines de semana como antes, sigue formando parte de ella.

Durante esta visita a San Juan volvió a jugar.

Entró a una cancha y, por un instante, el tiempo pareció retroceder.

Volvió a encontrarse con antiguas compañeras, entre ellas Celina Ramella y Delia Camargo, y volvió a sentir algo que solamente quienes alguna vez fueron deportistas pueden explicar.

“Era recordar como cuando tenía 20 años”, contó.

Y quizás esa sea una de las formas más hermosas de volver a casa: encontrarse con la persona que uno fue.

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Antonio y el descubrimiento de una mamá que también es historia

Pero esta visita tuvo otro protagonista.

Antonio.

Tiene 12 años, juega al fútbol y al pádel y acompaña a su mamá en esta aventura sanjuanina.

Para él, muchas cosas resultaron nuevas.

Estar en televisión.

Hablar frente a las cámaras.

Compartir con familiares.

Conocer la provincia de la que tanto escuchó hablar.

Y, sobre todo, descubrir algo que hasta entonces podía resultarle difícil de dimensionar: su mamá es una figura muy querida y reconocida en San Juan.

Antonio contó con naturalidad que le gusta el deporte, que prefiere el pádel y que el vóley no es precisamente su pasión.

La escena resultó encantadora.

Mientras su mamá recorría recuerdos de una vida entera, él miraba todo con la curiosidad propia de sus 12 años.

Y quizás, sin saberlo todavía, se estaba llevando una de esas experiencias que algún día terminará contando él.

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Una familia que se extraña a la distancia

Erica sabe que vivir lejos tiene un precio.

En España tiene su trabajo, su casa y su vida. Pero hay algo que no se puede reemplazar: la familia.

Antonio lo siente especialmente.

En San Juan están los abuelos, los tíos, los primos. Están los encuentros espontáneos, las sobremesas, las visitas, la sensación de pertenecer a una familia grande.

Allá, cuenta Erica, la vida es diferente.

Más organizada. Más individual.

Cada uno va a su actividad, entrena, termina y vuelve.

Por eso estos viajes significan tanto.

Porque para Antonio no son solamente vacaciones.

Son la posibilidad de construir recuerdos con una familia que vive a miles de kilómetros de su casa.

Y para Erica son una manera de mantener vivo el vínculo con el lugar que nunca dejó de sentir propio.

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“Siempre me quise volver”

La pregunta apareció inevitablemente.

¿Volvería definitivamente a San Juan?

Erica no necesitó pensarlo demasiado.

Sí.

Siempre quiso volver.

Porque puede amar Cantabria, disfrutar de su vida en España y reconocer todo lo que allí construyó, pero hay cosas que no se explican con kilómetros ni con oportunidades.

“Acá tengo mi familia, mis amigos, mis costumbres, mi tierra”, dijo.

Y dejó una frase que parece resumir 26 años de distancia:

“Me jubilo y me vengo”.

Quizás todavía falte para ese momento.

O quizás la vida encuentre una manera diferente.

Por ahora, imagina una vida ideal: seis meses allá, seis meses acá.

Porque hay personas que terminan perteneciendo a dos lugares.

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Y entonces apareció Dante

La entrevista parecía llegar a su final.

Hasta que apareció un nombre.

Dante Gómez.

Para quienes lo conocieron, “Gorito”.

Un hombre que supo contar historias y que, en algún momento, había contado también la historia de Erica. Un hombre que la admiraba profundamente.

Había quedado pendiente una búsqueda.

Un recuerdo.

Un relato.

Y también un libro.

Un libro que nació después de la muerte de Dante, cuando parte de sus historias fueron recuperadas y reunidas con el deseo de mantener viva su voz.

Ese libro estaba allí.

Esperando.

Y pasó de unas manos a otras.

Cuando Erica lo recibió, la emoción fue inmediata.

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Porque algunas personas ya no están, pero siguen apareciendo en los lugares menos pensados.

En una historia.

En una voz.

En una página.

En un regalo.

En una memoria que alguien decidió cuidar.

Erica se emocionó.

Y quienes estaban allí también.

Porque aquel momento ya no tenía que ver con el vóley, ni con España, ni con la nutrición, ni con una carrera deportiva.

Tenía que ver con el cariño.

Con ese extraño privilegio de descubrir que alguien, incluso después de haberse ido, todavía puede estar presente en una habitación simplemente porque dejó algo escrito.

Y quizás por eso aquella entrevista terminó siendo mucho más que una entrevista.

Fue el regreso de Erica Campbell.

La vuelta de una sanjuanina que hace 26 años se fue detrás de una pelota y terminó construyendo una vida al otro lado del mundo.

Volvió con un hijo que descubrió una parte de sus raíces.

Volvió a jugar con amigas de juventud.

Volvió a caminar por los recuerdos.

Y, casi al final, recibió un libro que le recordó que hay afectos que no conocen distancia ni tiempo.

Erica se fue de San Juan en el año 2000.

Pero San Juan, evidentemente, nunca la dejó ir del todo.