
En la antesala de la histórica
visita de Su Santidad el Papa León a la República Argentina, la figura del
olivo resurge con singular fuerza como emblema de reconciliación, fe y
desarrollo productivo. El ingeniero agronómico Leonardo Moral, referente del sector
y productor de cuarta generación, detalla la trascendencia espiritual,
histórica y social de esta especie milenaria, así como la iniciativa ecuménica
que busca sembrar esperanza en los espacios públicos sanjuaninos.
Un símbolo ancestral de paz, unidad y
sustento universal
El olivo (Olea
europaea) es reconocido desde la más remota antigüedad como el «árbol de la
paz». Como explica el ingeniero Leonardo Moral, la rama de olivo representa
valores universales que trascienden épocas y fronteras: paz, reconciliación,
sabiduría y esperanza. La referencia histórica y espiritual más célebre se
remonta al relato bíblico del arca de Noé, donde la paloma regresa portando una
rama de olivo en su pico, señal inequívoca de que las aguas habían descendido y
de que la humanidad iniciaba una nueva etapa de renacimiento y fraternidad.
Esta carga simbólica
no pertenece de manera exclusiva a una sola confesión. Según destaca Moral, el
olivo ostenta el mismo significado profundo para la comunidad cristiana, la
judía, la musulmana y las iglesias protestantes. Para todas estas tradiciones,
constituye una representación viva de la armonía entre los hombres y del
respeto a la creación.
A esta dimensión
espiritual se suma un reconocimiento internacional contemporáneo de enorme
relevancia. En el año 2019, la UNESCO declaró formalmente el 26 de noviembre
como el Día Mundial del Olivo. La diplomacia internacional fundamentó esta
distinción en el impacto socioeconómico y nutracéutico del cultivo: allí donde
crece y prospera el olivo, no falta el trabajo ni la alimentación. Su fruto y
sus derivados ofrecen beneficios sustanciales para la salud humana y garantizan
el sustento de miles de familias agricultoras a nivel global.
La herencia olivícola de San Juan: de
los Jesuitas a la cuarta generación de olivicultores
En la provincia de San
Juan, el cultivo del olivo posee una presencia histórica de larguísima data que
entrelaza la fe con el trabajo de la tierra. Un testimonio elocuente de este
patrimonio vivo son los ejemplares centenarios ubicados en La Mesada, en el
departamento de Valle Fértil. Los indicios históricos señalan que estos árboles
fueron implantados por la Compañía de Jesús, lo que significa que cuentan con
más de 350 años de antigüedad y continúan firmes en el suelo sanjuanino como un
verdadero monumento botánico e histórico.

Para el ingeniero
Leonardo Moral, este vínculo con la tierra es también una herencia de sangre y
convicción. Perteneciente a la cuarta generación de una familia olivícola
tradicional —de las pocas que aún perduran dedicadas exclusivamente a esta
actividad en la región—, el profesional remarca el orgullo que produce mantener
viva una tradición que ha dado identidad económica, social y cultural a la
provincia a lo largo de los siglos. El ingeniero Moral se crió en la finca de olivos de su Padre, Humberto Moral y de su abuelo Enrique Tores.
Esta continuidad
histórica demuestra cómo la producción agrícola se convierte en un puente entre
el pasado colonial y el desarrollo presente. El olivo sanjuanino sintetiza el
esfuerzo sostenido de generaciones de familias trabajadoras que han transformado
el paisaje árido en un oasis productivo, donde la calidad del aceite de oliva y
de la aceituna de mesa compite en los mercados internacionales sin perder sus
raíces espirituales.
Plantar paz: La iniciativa ecuménica
en los espacios públicos
Lejos de limitar la
importancia del olivo a los libros de historia o a los balances contables de la
producción agropecuaria, el Centro de Ingenieros Agrónomos de San Juan, bajo el
impulso de profesionales como el ingeniero Moral, lleva adelante un trabajo
institucional y comunitario de profundo calado social.
Junto a referentes de
la Iglesia Católica y de diversas comunidades eclesiásticas y religiosos de
otros cultos presentes en la provincia, se viene concretando la plantación de
ejemplares de olivo en distintas plazas y paseos públicos de San Juan. Leonardo
Moral describe estas jornadas como verdaderos actos ecuménicos, agraciantes y
emotivos, en los que la ciudadanía participa con entusiasmo para dejar una
marca tangible de fraternidad.
Estas intervenciones
urbanas buscan devolverle al espacio público un punto de encuentro y reflexión,
recordando que la construcción de la paz es una tarea cotidiana y colectiva que
se riega y se cuida, tal como se hace con un árbol joven que crecerá para
cobijar a las futuras generaciones.
El olivo sanjuanino en el escenario nacional
ante la visita del Papa León
La relevancia del
trabajo olivícola de San Juan ha tomado una resonancia renovada en la agenda
pública nacional tras trascender la inminente visita de Su Santidad el Papa
León a la República Argentina.

A raíz de los
comentarios difundidos por el periodista Eduardo Feinmann en medios de
cobertura nacional, se dio a conocer la propuesta de que olivos provenientes de
la provincia de San Juan formen parte de la decoración y el marco escenográfico
en las misas que oficie el Pontífice durante su estadía en el país. Aunque la
medida aguarda la confirmación oficial por parte de las autoridades
provinciales y eclesiásticas, la sola posibilidad ha generado una enorme
repercusión en el sector agroindustrial y en la comunidad local. De hecho, hasta
el momento no se sabe de donde es el origen de esta iniciativa, que sin dudas
habla del olivo y de una actividad que es esencial sobre la economía y el trabajo
de los sanjuaninos-
Consultado sobre esta
iniciativa, el ingeniero Leonardo Moral la calificó de «espectacular» y
«perfecta». Para el productor sanjuanino, que la presencia de los olivos de su
tierra sea requerida para acompañar un mensaje de unidad y paz liderado por el
Papa León representa un reconocimiento gratificante e inolvidable. En momentos
de incertidumbre y desafíos globales, la presencia de la rama de olivo
sanjuanina ante la máxima autoridad de la Iglesia Católica simboliza el
encuentro entre la fe, el trabajo rural de las provincias argentinas y el
anhelo universal de concordia entre los pueblos.
De este modo, el
trabajo incansable de productores como Leonardo Moral y la visión del Centro de
Ingenieros Agrónomos de San Juan reafirman que el olivo no es solo un pilar
agroproductivo, sino un faro vivo de paz ecuménica cuyo mensaje resonará con
fuerza en toda la nación argentina.