
Hay deportistas que guardan sus trofeos como si fueran piezas de un museo personal. Los acomodan, los limpian, los miran de vez en cuando y vuelven a recordar aquel día en que cruzaron una meta, ganaron una carrera o alcanzaron una marca que alguna vez parecía imposible.
Pedro León eligió otro camino.
Después de una vida entera vinculada al deporte, decidió regalar buena parte de los trofeos y medallas que consiguió durante su extensa trayectoria. No porque hayan dejado de significar algo para él, sino justamente porque significan demasiado.
Porque detrás de cada premio no ve solamente su nombre.
Ve a los amigos que estuvieron a su lado. A quienes entrenaron con él. A quienes lo acompañaron en los viajes. A quienes lo ayudaron cuando las fuerzas no alcanzaban. A quienes compartieron alegrías y frustraciones. Y también ve una historia deportiva que, según entiende, puede seguir teniendo sentido si otros la reciben.
“Particularmente decidí donar mis trofeos y medallas a un círculo íntimo de amigos y a la Asociación Cordillerana de Triatlón”, contó Pedro.
La decisión puede sorprender cuando se habla de alguien que durante décadas acumuló medallas, copas y reconocimientos en distintas disciplinas. Pero en su caso tiene una explicación sencilla y, al mismo tiempo, profunda.
“Mi carrera, todo lo que conseguí, fue con entrenamiento, esfuerzo y apoyo de mucha gente. Por eso hoy siento que se puede visibilizar mejor desde otra óptica”, explicó.
La Asociación Cordillerana de Triatlón ocupa un lugar especial en esa historia. Pedro fue uno de sus impulsores y la creó junto al papá de Gonzalo Telechea, otro de los grandes nombres que dio el triatlón sanjuanino.
“Creo que es un buen lugar para que se queden mis trofeos y que sea útil para algunas personas”, sostuvo.
Pero no todos sus recuerdos tomaron el mismo destino.
Hay aproximadamente 15 personas que recibieron parte de esos premios. Son amigos de toda la vida, compañeros de la escuela Boero, personas con las que compartió entrenamientos, competencias y momentos que fueron mucho más allá de una carrera.
“Hay un grupo íntimo de amigos con los que he compartido, entrenado y competido. Amigos de la infancia o excompañeros de la escuela Boero. Todos han sido importantes en mi carrera y consideré que era la manera de agradecerles todo lo que hicieron por mí y me apoyaron”, contó.
Una vida con el deporte como compañero
La historia deportiva de Pedro León comenzó cuando apenas tenía 16 años. Y durante más de tres décadas pasó por diferentes disciplinas.
La natación fue una de ellas. El ciclismo también. Y el handball tuvo un capítulo importante, incluso con competencia de alto nivel.
Jugó en la Universidad, debutó en Primera a los 16 años, llegó a disputar la Liga Nacional y también vistió la camiseta de la selección sanjuanina.
“Guardo muy buenos recuerdos de toda la familia del handball que me acompañó y algunos trofeos gané”, recordó entre risas.
Después llegaron dos años dentro del ciclismo federado y allí alcanzó uno de los logros que todavía recuerda con especial orgullo: en 1996 ganó la Vuelta de San Juan por equipos.
Aquella formación tenía una particularidad: todos eran de Chimbas.
“Yo tenía a Soda Danna que me ayudaba y tres chicos de Chimbas que apoyaba el municipio. Nos juntamos y esa temporada corrimos juntos”, relató.
Pero aquel triunfo no fue uno más.
“Ganamos la Vuelta a San Juan por equipos. Y no solamente por el logro, sino por la calidad de corredores que había. Les ganamos a los Curechet, con el Grillo Mengual, Manuel Robledo y Roberto Balmaceda. Éramos todos de Chimbas”, recordó con orgullo.
Y llegó el triatlón
Fue en el triatlón donde Pedro construyó una de las etapas más importantes de su carrera. Representó a San Juan en diferentes competencias y eventos internacionales y llegó a disputar seis Ironman.
Tres de ellos fueron en la máxima distancia.
Y entre todos esos recuerdos existe uno que todavía ocupa un lugar diferente: Hawai.
“Esas son especiales y son parte de un tesoro personal que valoro mucho por la exigencia y trascendencia del mismo. Haber corrido en Hawai es único”, reconoció.
Por eso, en medio de una decisión que implicó desprenderse de una innumerable cantidad de premios, esas medallas quedaron con él.
Son las excepciones.
Las que no quiso regalar.
Las que forman parte de ese pequeño rincón donde una vida deportiva entera todavía permanece guardada.
El final de una carrera y el comienzo de otra
Pedro cerró oficialmente su carrera deportiva en 2015, cuando tenía 47 años.
Hoy tiene 57 y ya no compite, pero tampoco se alejó del deporte.
Cambió el lugar.
Ahora enseña, acompaña y prepara a otros atletas. Entre ellos está Gisela Suligoy, quien recientemente participó del Ironman y consiguió la clasificación al Mundial.
Es otra manera de estar cerca de las metas.
Ya no desde el esfuerzo de sus propias piernas, sino ayudando a que otros puedan alcanzar las suyas.
Quizás por eso su decisión de regalar sus trofeos tenga todavía más sentido.
Porque Pedro León no está regalando solamente copas y medallas.
Está repartiendo pedazos de una historia.
Una historia que comenzó a los 16 años, que pasó por la natación, el handball, el ciclismo y el triatlón; que lo llevó a representar a San Juan, a ganar una Vuelta, a jugar una Liga Nacional, a completar seis Ironman y a conocer la exigencia única de Hawai.
Pero también una historia construida junto a otros.
Por eso una parte de sus premios quedó entre amigos.
Otra, en la Asociación Cordillerana de Triatlón.
Y unas pocas, las más especiales, permanecen con él.
A los 57 años, Pedro sigue moviéndose. Solo que ahora entiende que hay triunfos que no necesitan permanecer en una vitrina para seguir siendo importantes.
Algunos pueden convertirse en recuerdo.
Otros, en agradecimiento.
Y otros, simplemente, pueden volver a manos de quienes alguna vez ayudaron a hacerlos posibles.
Porque después de tantos años, Pedro León entendió algo que quizás solo el tiempo y una vida dedicada al deporte pueden enseñar: que una medalla puede llevar un solo nombre, pero detrás de ella siempre hay muchas personas.