
El primer tiempo estuvo cargado de emoción y también tuvo momentos de ida y vuelta, con oportunidades para ambos equipos y un Dibu Martínez que apareció cuando fue necesario para mantener el arco argentino en cero.
Pero el partido se destrabó en el segundo tiempo y, como si la historia quisiera regalarle a Messi una última noche perfecta, el capitán fue protagonista en cada momento importante.
A los pocos minutos, Nicolás Otamendi aprovechó un centro ejecutado con precisión por Messi y marcó el primero. Antes de los 20 minutos llegó el segundo: Nicolás Paz, ese joven señalado como uno de los futbolistas llamados a tomar la posta en el futuro, recibió precisamente de Messi y definió para ampliar la ventaja.
Y faltaba él.
A los 25 minutos, Messi convirtió de penal, después de una falta sobre Agustín Giay. El capitán tomó la pelota, acomodó todo y ejecutó con la precisión de siempre. Gol de Messi. El Monumental explotó. Una vez más.
Después tuvo dos oportunidades para aumentar su cuenta personal. Una terminó contra el palo y la otra llegó sobre el final, con un tiro libre que pasó por encima del travesaño.
Y así se fue la noche.
Se va Lionel Messi, el más grande de todos los tiempos de la Selección Argentina. Se va después de haber ganado todo, después de haber vivido derrotas que parecían interminables y de haber conseguido finalmente la gloria que tanto buscó.
Pero lo más importante es que queda su legado.
Queda su historia, sus goles, sus títulos, sus gambetas, sus lágrimas y, sobre todo, la certeza de que todo aquello no fue en vano.
Porque Messi se va de la cancha, pero su historia con la camiseta argentina queda para siempre.