10 de septiembre: hablar puede salvar vidas

10 de septiembre: hablar puede salvar vidas

Cada 10 de septiembre se conmemora el Día Mundial
para la Prevención del Suicidio, una fecha que nos invita a hablar de
una problemática de salud pública que durante demasiado tiempo estuvo
atravesada por el silencio, los prejuicios y el estigma.

Este año, la Organización Mundial de la Salud mantiene como
lema “Cambiar la narrativa sobre el suicidio”, acompañado por
una invitación concreta: “Iniciar la conversación”. El
propósito es pasar del silencio y la incomprensión hacia una cultura basada en
la escucha, la empatía, el acompañamiento y la posibilidad de pedir ayuda.

Hablar de suicidio de manera responsable no incita
ni provoca una conducta suicida. Por el contrario, preguntar, escuchar
y generar un espacio seguro puede permitir que una persona exprese un
sufrimiento que hasta ese momento estaba transitando en soledad.

El suicidio constituye un problema complejo y multicausal.
No responde a una única situación ni puede reducirse a una explicación
sencilla. Detrás de una crisis suicida puede existir un intenso sufrimiento
emocional, desesperanza, sentimientos de aislamiento, dificultades vinculares,
pérdidas, situaciones traumáticas, problemas económicos, consumo problemático,
trastornos de salud mental u otros acontecimientos vitales que superan
momentáneamente los recursos que la persona siente tener para afrontarlos.

Los números muestran por qué necesitamos hablar del tema.
La OMS señala que más de 720.000 personas mueren por suicidio cada año
en el mundo y que, según sus últimas estimaciones globales
disponibles, constituye la tercera causa de muerte entre las personas
de 15 a 29 años.

En Argentina, los registros oficiales del Sistema Nacional
de Información Criminal informaron 4.249 víctimas de suicidio durante
2024, con una tasa de 9,8 cada 100.000 habitantes. Aproximadamente
ocho de cada diez víctimas registradas fueron varones.

Pero detrás de cada estadística hay una persona, una
historia, una familia y un entorno afectado. Por eso la prevención no puede
quedar exclusivamente en manos de los profesionales de la salud mental. Es una
responsabilidad que también involucra a las familias, las escuelas, los medios
de comunicación, las instituciones, los espacios laborales, las políticas
públicas y a la comunidad en su conjunto.

Existen señales que merecen nuestra atención: expresiones
frecuentes de desesperanza, comentarios acerca de no querer continuar viviendo,
aislamiento progresivo, cambios bruscos de comportamiento, abandono de
actividades habituales, despedidas inesperadas o la sensación reiterada de
convertirse en una carga para los demás. Ninguna señal aislada permite predecir
lo que ocurrirá, pero todo cambio significativo debe ser escuchado y
tomado en serio.

Acompañar no significa tener todas las respuestas. Muchas
veces significa estar presentes, escuchar sin juzgar, evitar minimizar el dolor
con frases como “tenés que ponerle voluntad” o “hay personas que están peor”, y
ayudar a esa persona a conectarse con profesionales o servicios de salud.

También podemos preguntar directamente: “¿Estás
pensando en hacerte daño?” o “¿Estás pensando en suicidarte?”.
Preguntar claramente no aumenta el riesgo; puede abrir una puerta para pedir
ayuda. Ante una situación de riesgo, la persona no debería permanecer sola y
debe buscarse asistencia profesional de manera inmediata. Las recomendaciones
oficiales argentinas consideran las conductas autolesivas o el riesgo suicida
una urgencia que requiere atención prioritaria.

Prevenir el suicidio también implica aprender a hablar del
dolor. Implica construir vínculos en los que una persona pueda decir “no estoy
bien” sin sentirse una carga, débil o juzgada.

Quizás una de las preguntas más importantes que podemos
hacerle a alguien sea simplemente: “¿Cómo estás de verdad?”.
Pero igualmente importante es poder quedarnos a escuchar la respuesta.

Porque pedir ayuda es posible. Porque acompañar hace una
diferencia. Porque una conversación puede convertirse en el comienzo de otra
posibilidad.

El suicidio se puede prevenir. Hablar puede salvar
vidas.

Lic. María Valeria Alvo – Psicóloga MP 1057

Si vos o alguien que conocés está atravesando una
crisis de salud mental, en Argentina funciona la línea nacional gratuita 0800-999-0091, disponible
las 24 horas, los 365 días del año. Ante riesgo inmediato, acudir a una guardia
de salud o servicio de emergencias.