
El desarrollo de nuevas tecnologías para proteger las construcciones frente a los terremotos comienza a marcar un cambio de paradigma en la ingeniería sísmica. Ya no se trata solamente de diseñar edificios capaces de soportar un movimiento telúrico extremo, sino de buscar mecanismos que permitan que el sismo prácticamente no afecte la estructura ni los elementos que se encuentran dentro de ella.
En ese contexto, el sanjuanino Dr. Ingeniero Carlos Eugenio Seguín fue reconocido a nivel nacional por su trabajo en el aislamiento sísmico aplicado al histórico edificio de la Legislatura de San Juan. El profesional recibió el Premio Ingeniero José Luis Delpini, otorgado por la Asociación de Ingeniería Estructural Argentina, en reconocimiento a su labor.
Seguín habló sobre los avances en materia de protección sísmica durante una entrevista con el programa Buena Gente, que se emite por AM 1020, y explicó las diferencias entre la ingeniería sismorresistente tradicional y los sistemas de aislamiento que comienzan a implementarse en distintas construcciones.
Del resistir el terremoto a aislar el edificio
El ingeniero explicó que la concepción de las construcciones frente a los terremotos está atravesando una transformación.
“La nueva tecnología constructiva ya no busca resistir el sismo, evadir el sismo, sino poner al edificio en un lugar donde el sismo no afecte su estructura”, sostuvo.
La diferencia no es menor. Durante décadas, la ingeniería sísmica trabajó fundamentalmente sobre el diseño de estructuras capaces de soportar las enormes fuerzas generadas por un terremoto.
Actualmente, el objetivo es avanzar un paso más: evitar que esas fuerzas lleguen directamente a la estructura del edificio.
Los sistemas de aislamiento sísmico permiten generar una suerte de separación entre el movimiento del terreno y la construcción. De esta manera, cuando se produce un terremoto, el suelo puede desplazarse mientras el edificio experimenta movimientos considerablemente menores.
Una estructura puede dañarse, pero no colapsar
Seguín también explicó cómo funcionan actualmente los criterios de la denominada ingeniería sismorresistente.
“Hoy los códigos de edificación permiten que ante un evento extremo la estructura tenga daño y lo soporte. Se daña, pero no colapsa”, señaló.
Este concepto constituye uno de los pilares de la ingeniería sísmica moderna: ante un terremoto de gran magnitud, la estructura puede sufrir deformaciones y daños, pero debe conservar su capacidad de evitar el colapso y proteger la vida de quienes se encuentran en su interior.
Sin embargo, el especialista remarcó que las nuevas tecnologías apuntan a mejorar todavía más ese comportamiento.
“Ahora se busca que la estructura no sufra daño, pero que tampoco lo sufra su contenido”, explicó.
Esto adquiere especial importancia en edificios que contienen equipamiento costoso, documentación, obras de arte, instalaciones críticas o elementos cuya pérdida puede generar consecuencias económicas y sociales importantes.
El costo, uno de los principales desafíos
Uno de los interrogantes que surge frente a la incorporación de estas tecnologías es el costo.
Según explicó Seguín, adaptar las construcciones a sistemas de aislamiento sísmico podría representar un incremento relativamente reducido respecto de una construcción tradicional preparada bajo los actuales criterios sismorresistentes.
“Adecuar nuestras construcciones a estas tecnologías de aislado puede tener un costo de 5% más de lo que requiere la construcción sismorresistente que conocemos hasta hoy”, afirmó.
Sin embargo, el profesional advirtió que el principal obstáculo no necesariamente es tecnológico.
“El financiamiento es el primer escollo a vencer”, sostuvo.
La posibilidad de incorporar sistemas de aislamiento desde el momento del diseño de una nueva construcción, o incluso de intervenir edificios existentes, abre un desafío que requiere políticas de financiamiento y planificación a largo plazo.
Se puede aislar un edificio sin dejar de utilizarlo
Uno de los aspectos más interesantes planteados por Seguín es que la incorporación de estos sistemas no necesariamente implica desalojar un edificio durante todo el proceso de intervención.
Según explicó, es posible consolidar y aislar una construcción mientras continúa funcionando, incluso con sus trabajadores dentro.
Este aspecto resulta particularmente relevante para edificios públicos, instituciones, hospitales, establecimientos educativos y otras construcciones que no pueden dejar de prestar servicios durante largos períodos.
La intervención sobre estructuras existentes permite, de esta manera, pensar en estrategias de protección que no estén limitadas exclusivamente a las nuevas edificaciones.
San Juan y el desafío de revisar lo construido
Por su condición de territorio sísmicamente activo, San Juan enfrenta un desafío particular. La provincia cuenta con una enorme cantidad de construcciones levantadas en diferentes épocas, bajo distintas normativas y con diferentes criterios de diseño.
Para Seguín, el próximo paso debería ser mirar hacia las estructuras que ya existen.
“Hoy en San Juan necesitamos mirar lo que ya está construido y evaluar en qué situación están las estructuras de San Juan para aplicar el sistema de aislamiento a las que más lo necesiten”, planteó.
La propuesta supone avanzar hacia una evaluación sistemática del parque edilicio existente, determinar cuáles son las construcciones más vulnerables y establecer prioridades para su refuerzo o aislamiento.
El reconocimiento nacional obtenido por Seguín por su trabajo en el histórico edificio de la Legislatura vuelve a poner en agenda una cuestión central para una provincia acostumbrada a convivir con el riesgo sísmico: cómo pasar de construir para resistir un terremoto a construir para reducir al mínimo sus consecuencias.
En ese camino, la ingeniería de aislamiento sísmico aparece como una de las tecnologías que podría transformar la manera en que San Juan protege su patrimonio, sus edificios públicos y, fundamentalmente, a las personas que los utilizan.