
El verano llegó a San Juan con más escurrimientos que años anteriores desde la Cordillera, pero también arribó con abundantes tormentas eléctricas. Y al ser un período de alta demanda de piletas y ríos, esos fenómenos eléctricos son riesgosos para personas que resuelven permanecer en el agua o para quienes están en la calle o ruta. «Para poder analizar los riesgos que implican, primero tenemos que comprender qué pasa dentro de una nube de tormenta», indicó el profesor de Física, Eduardo Sierra, docente de la Facultad de Filosofía, Humanidades y Artes de la UNSJ.
Sierra explica que, al formarse una nube de tormenta, sobre todo las de gran desarrollo vertical, se producen fuertes corrientes en su interior y, gracias a la fricción entre partículas de hielo, gotas de agua y granizo, se generan fragmentos cargados eléctricamente. «Los fragmentos negativos se depositan en la parte inferior de la nube y los positivos en la parte superior. De esta forma la nube va provocando una especie de ‘sombra’ con carga positiva en la Tierra, acumulando una gran cantidad de energía, tanta como para abastecer el consumo diario de 30 casas», destaca.
Todos los sistemas, señala el físico de la UNSJ, buscan naturalmente los estados de menor energía, por lo que este sistema Tierra-nube «buscará producir una descarga para la que necesita un elemento conductor, que permita el paso de la corriente eléctrica», detalla. ¿Cuál es el elemento conductor? «La humedad ambiente y el mismo aire se hacen conductores. El rayo que vemos es un camino de aire húmedo ionizado por el que circula la corriente eléctrica», grafica Sierra.
La tormenta y la pileta
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