
Ese sonido metálico de la llave al cerrar la puerta por la noche parece un ritual de seguridad, pero dejarla puesta en la cerradura podría ser la peor decisión para proteger el hogar. Según especialistas consultados, esta práctica extendida entre los argentinos no solo no brinda mayor protección, sino que convierte la puerta en un blanco más vulnerable para los delincuentes.
Los riesgos ocultos:
1. Clonación con imanes: Los ladrones pueden copiar la forma de la llave desde el exterior usando técnicas de impresión magnética.
2. Técnica del bumping: Con golpes precisos a una llave genérica, pueden hacer saltar los pines internos de la cerradura en segundos.
3. Desgaste acelerado: La presión constante deforma los mecanismos internos, reduciendo hasta un 40% la vida útil del cilindro.
HomeGo, empresa de sistemas de seguridad conectados con fuerzas policiales, demostró en pruebas cómo estos métodos permiten abrir una puerta en menos de 15 segundos cuando la llave queda insertada. «Es como dejar la combinación de tu caja fuerte escrita en el pomo», explicó Ricardo Molinari, experto en cerraduras de alta seguridad.
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