
Diego Alberto Andreoni, el joven de 24 años que había intentado detener una pelea entre amigos en una cancha de Rivadavia, murió minutos antes de la medianoche del viernes.
La bala que le atravesó el estómago el 15 de marzo pasado le había arrancado demasiado: le destrozó órganos, lo dejó sin una pierna y, finalmente, le quitó la vida.
Todo había empezado como un día cualquiera de fútbol amateur. Cuatro equipos, risas, rivalidad sana. El partido terminó y, como siempre, llegó el «tercer tiempo».
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