
Tras la implementación del arresto domiciliario con monitoreo electrónico a Cristina Fernández de Kirchner, un grupo de mujeres autodenominadas «autoconvocadas» se acercó a su domicilio con una particular muestra de respaldo: llevaban tobilleras decoradas con flores, a las que llamaron «tobilleras del amor».
La expresidenta fue condenada a seis años de prisión e inhabilitación perpetua para ejercer cargos públicos por administración fraudulenta en la causa conocida como «Vialidad».
Debido a su estado de salud y edad, la justicia le concedió el cumplimiento de la pena bajo arresto domiciliario, con el uso obligatorio de una tobillera electrónica.