
La morosidad de los préstamos a hogares trepó al 12,6%, el nivel más alto desde 2005, mientras uno de cada cuatro pesos del ingreso familiar se va en cuotas. Qué revela este salto, por qué preocupa afuera y cuál es el riesgo oculto detrás de una economía que se estabiliza, pero ahoga el consumo.