Mary González:dueña de una historia que motiva solo con escucharla y que emociona al verla jugar tenis de mesa.Editar epigrafeEditar embed
Hay historias que no solo se cuentan: se sienten. Se quedan en el pecho, hacen un nudo en la garganta y obligan a mirar la vida con otros ojos. La de María Angélica González, «Mary», es una de ellas.
La sanjuanina volvió a demostrar que los sueños no tienen fecha de vencimiento. En el Iberosudamericano de Lima, logró lo que para muchos sería impensado: una medalla de oro en individuales (70 a 74 años) y dos medallas de plata en dobles y equipos. Pero lo más importante no cuelga de su cuello… vive en su historia.
Porque Mary no nació en el tenis de mesa. No creció entre competencias ni entrenamientos. Su verdadera carrera comenzó cuando muchos creen que todo termina. A los 50 años, cuando sus hijos dejaron el hogar para construir sus propias vidas, el silencio ocupó espacios que antes estaban llenos. Y fue en ese momento, en esa encrucijada emocional, donde eligió no quedarse quieta.
De la mano de su esposo, Rubén Palacios, encontró una oportunidad. Una invitación simple: ir a jugar. Lo que parecía un pasatiempo para distraerse se transformó en un camino de pasión, disciplina y renacimiento.
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