León XIV abrió la Misa Crismal con un llamado a evangelizar sin imponer
Este Jueves Santo comenzó el Triduo Pascual, y el Papa León XIV presidió por primera vez la Misa Crismal como Obispo de Roma ante una Basílica de San Pedro colmada de fieles. Allí habló sobre la misión cristiana y recordó que «Es la misión cristiana, la misma de Jesús, no otra. En ella participa cada uno según su propia vocación y en una obediencia muy personal a la voz del Espíritu, ¡pero nunca sin los demás, nunca descuidando o rompiendo la comunión!».
El Pontífice también pidió a obispos y presbíteros que, al renovar sus promesas, recuerden que «están llamados al servicio de un pueblo misionero». A partir de ahí, desarrolló los tres secretos de la misión cristiana: desprendimiento, encuentro y rechazo.
Sobre el primer punto, explicó que toda misión exige salir de la comodidad. Para eso puso como ejemplo a Jesús, que después de recibir la fuerza del Espíritu vuelve a Nazaret, pero luego deja ese lugar familiar para iniciar su camino. En ese sentido, afirmó que «toda misión comienza con ese tipo de vaciamiento en el que todo renace. Nuestra dignidad de hijos e hijas de Dios no nos puede ser quitada, ni se puede perder, pero tampoco pueden borrarse los afectos, los lugares y las experiencias que están en el origen de nuestra vida. Somos herederos de tanto bien y, al mismo tiempo, de los límites de una historia en la que el Evangelio debe llevar luz y salvación, perdón y sanación».
León XIV insistió en que «la misión comienza por la reconciliación con nuestros orígenes» y remarcó que «no hay paz sin el valor de partir, no hay conciencia sin la audacia del desprendimiento y no hay alegría sin arriesgar». También señaló que «todo se recupera y se multiplica si primero se deja ir, sin miedo. Es un primer secreto de la misión. Y no se experimenta una sola vez, sino en cada nuevo comienzo».
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