
Gérard Depardieu entró al tribunal con paso lento, la mirada opaca y ese rostro que el cine convirtió en leyenda.
Pero esta vez no era un personaje: era el acusado. La fiscalía de París pidió para él 18 meses de prisión en suspenso, un tratamiento psicológico obligatorio y una multa de 20.000 euros por las agresiones sexuales denunciadas por una decoradora y una asistente de dirección durante los rodajes de «Le Magicien et les Siamois» (2014) y «Les Volets Verts» (2021).
Las víctimas lo describieron igual: un hombre que usó su poder para tocarlas sin consentimiento. Una relató cómo la «agarró brutalmente» y le recorrió el cuerpo; la otra recordó comentarios obscenos y manos que buscaron sus pechos. El fiscal fue contundente: «Son mujeres en situación de inferioridad frente a un monstruo sagrado del cine».
Depardieu, en cambio, se defendió con un argumento que resonó a excusa vintage: «Soy vulgar, grosero, pero no pierdo tiempo manoseando mujeres».
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