La bandera de la esperanza: Rubén Quiroga, el hombre que también juega su propia final

La bandera de la esperanza: Rubén Quiroga, el hombre que también juega su propia finalLa bandera de la esperanza: Rubén Quiroga, el hombre que también juega su propia final 

Mientras millones de argentinos esperan que la pelota empiece a rodar, Rubén Quiroga libra otro partido. No se juega en una cancha, ni tiene árbitro o tribunas. Se juega todos los días, desde hace más de 40 jornadas, en la esquina de Doctor Ortega y España, en Villa Krause, donde cada mañana despliega sus banderas celestes y blancas con la misma ilusión con la que el país espera un nuevo título.

Durante años fue canillita. Conocía el ritual de madrugar para repartir diarios, pero el tiempo cambió las costumbres y el papel fue desapareciendo. Sin ese ingreso y con una pensión insuficiente para llegar a fin de mes, entendió que no podía quedarse esperando.

«Había que salir a buscar un ingreso más para llenar la olla. Los pocos pesos que tenía los invertí en la compra de banderas. No sabía cómo me iba a ir, pero confié en eso y en la Selección», cuenta.

Empezó con apenas una veintena de banderas y una de ellas colgada sobre sus hombros. El primer partido de Argentina fue también el primer examen para su nuevo emprendimiento. Ese día vendió todo. Con esa recaudación compró algunas cornetas. Después llegaron más banderas. Más adelante, otros artículos. Todo de a poco, reinvirtiendo cada peso que entraba.

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