Julián encontró en el karate la llave para ser feliz
Hay historias que se miden en medallas. Otras, mucho más importantes, se miden en sonrisas.
Hace poco más de ocho años, una familia dejó atrás la ciudad de Armenia, en Colombia, y llegó a San Juan con una maleta cargada de sueños, ilusiones y esperanzas de construir una nueva vida. Entre ellos estaba Julián Andrés García Barrios, un niño especial, de esos que iluminan cualquier lugar con su ternura y que se ganan el cariño de todos los que lo conocen.
Diagnosticado con Trastorno del Espectro Autista (TEA), el camino no siempre fue sencillo. Como tantos padres, su familia buscó distintas alternativas para ayudarlo a desarrollarse, integrarse y encontrar espacios donde pudiera sentirse cómodo y feliz. Intentó con diferentes deportes, pero todavía era muy pequeño y las experiencias no terminaron de dar resultado.
Hasta que apareció el karate.
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