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Hoy el INDEC informó que la inflación de abril fue del 2,6%. Después de diez meses consecutivos en los que el índice no paraba de subir, el número bajó. El Gobierno lo festejó. El Presidente habló de una vuelta a la normalidad. El ministro de Economía celebró en redes el descenso del componente núcleo, ese que excluye los precios estacionales y los regulados. Y conviene, antes de discutir el festejo, detenerse un momento en una pregunta sencilla: ¿qué es exactamente lo que se está celebrando?
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Cuando el Poder Ejecutivo presentó el Presupuesto 2026 ante el Congreso, en septiembre de 2025, prometió que la inflación de todo este año sería del 10,1%. Esa fue la pauta oficial, la que el propio Gobierno fijó como meta y la que el Congreso aprobó el 26 de diciembre. Pasaron menos de cinco meses desde aquella aprobación y la inflación acumulada del primer cuatrimestre ya es del 12,3%. Dicho de otro modo: en cuatro meses se superó la meta pensada para doce. Para que la promesa se cumpla, los precios deberían caer en promedio durante los próximos ocho meses, algo que ningún economista, ninguna consultora privada y ningún funcionario espera.
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