
Gendarmería Nacional cerró el expediente administrativo vinculado a la agresión sufrida por el fotógrafo Pablo Grillo, quien recibió un disparo por parte del cabo Héctor Guerrero. Según el informe oficial, fue calificado como un «hecho fortuito», atribuido a condiciones de «mala visibilidad» y a una supuesta «imprudencia de la víctima por ubicarse en la línea de tiro».
La decisión generó fuerte rechazo por parte de la familia de Grillo y del Centro de Estudios Legales y Sociales (CELS), que cuestionaron duramente el informe por considerarlo parcial y destinado a encubrir al agente involucrado.
A pesar de que el disparo puso en riesgo la vida del fotógrafo, la fuerza no adoptó ninguna sanción contra Guerrero, quien continúa cumpliendo funciones dentro de Gendarmería. El documento oficial refuerza la hipótesis de que no hubo intencionalidad, responsabilizando implícitamente a Grillo por su ubicación en el lugar del hecho.
Desde el CELS y la defensa legal cuestionaron el procedimiento, señalando que no hubo voluntad de esclarecer lo ocurrido ni de investigar con seriedad posibles abusos.
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