
Primera situación adversa para la sospechosa: fue justo a la farmacia donde casualmente la propietaria conocía a la médica que presuntamente había colocado el sello en la receta.
Es más, un rato después descubrirían por boca de la propia médica que tanto las recetas como el sello se lo habían robado tiempo atrás.
La segunda situación adversa para la sospechosa fue que los uniformados de la Policía Ciclística lograron ubicar a la mujer que supuestamente cuidaba. Y no solo eso, sino que hicieron que esa mujer, cuyo nombre aparecía en las recetas con pelos y señales, llegara hasta la farmacia.
Allí el mundo de la supuesta cuidadora se vino abajo: esa otra mujer ni sabían quien era y tampoco estaba enferma. Mucho menos necesitaba esos medicamentos que la sospechosa intentaba adquirir.
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