
El cronómetro marcaba 46:48 del segundo tiempo. Hacía unos minutos Matías Borgogno le había sacado dos pelotas fenomenales a Mariano Troilo, primero, y a Franco Jara después y San Martín no la pasaba bien porque Belgrano buscaba tozudamente el empate. Pero, tras una falta a Nicolás Watson en la puerta del área, tomó la pelota Sebastián González, acomodó, dio tres o cuatro pasos hacia atrás como un rugbista que va a patear a las H y la colocó en el ángulo derecho de Juan Espínola que solo atinó a mirar cómo la pelota reventaba el palo e ingresaba por el arco con toda la fuerza y la rosca que el Pulpo le imprimió. Era el tercero de la noche en Concepción que servía para asegurar definitivamente el triunfo.
El Pulpito, que ya pasó a ser el Pulpo, corrió a celebrar chocando las manos con Ayrton Portillo y Federico González e inmediatamente tomó con su mano izquierda el escudo verdinegro estampado en el mismo costado, ahí, donde están las emociones, donde está su corazón impregnado para siempre con los colores verdinegros, y lo besó.
El 10 de San Martín tiene asegurado el cariño permanente que baja de las tribunas en cada partido. Por eso, cada vez que la voz de Belén por el altoparlante del Hilario Sánchez lo nombra, el hincha estalla en aplausos, por más que Sebastián no sea titular. El cariño es mutuo, él lo sabe y responde con goles.
Futbolista clave para Raúl Antuña. Un jugador que el DT sabe todo lo que puede ofrecer, sobre todo cuando tiene que entrar para tener la pelota, hacerla jugar y si se puede, de paso meter un golazo como el que hizo el viernes.
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