
La industria del vino argentino dio un paso histórico hacia la innovación con la resolución 925 del INV (Instituto Nacional de Vitivinicultura), que agiliza los procesos para producir vinos desalcoholizados.
Según explicó el enólogo Abel Chiconi en una entrevista en la Mil20, esta medida permite a las bodegas utilizar equipamiento certificado internacionalmente sin necesidad de esperar la autorización del organismo, siempre que cumplan con los estándares de calidad.
«El mundo está demandando bebidas con menor graduación alcohólica, especialmente en consumidores jóvenes», destacó Chiconi.
La normativa, impulsada por el ministro Federico Sturzenegger, busca posicionar a Argentina en la creciente tendencia global de vinos reducidos en alcohol, que actualmente representa el 15% del mercado internacional según datos de la OIV (Organización Internacional de la Viña y el Vino).
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