El chofer sanjuanino que convirtió un viaje en un acto de humanidad
En un contexto donde muchas veces la rutina apura, endurece y vuelve impersonales los vínculos, una historia nacida en San Juan recuerda que la empatía sigue existiendo… y que puede aparecer en el momento menos esperado.
Todo comenzó con un viaje cotidiano. Una madre y su hija Alma, que utiliza silla de ruedas, debían trasladarse a la escuela como cualquier otro día. Sin embargo, lo que podría haber sido un recorrido más, terminó convirtiéndose en una experiencia que mereció ser contada.
El protagonista es un chofer de la línea 422 de la empresa Albardón, identificado por pasajeros como Mario Videla. Según relató la mujer, cada vez que las ve subir, el conductor hace algo que no está escrito en ningún reglamento, pero que marca la diferencia: detiene su tarea, se quita el cinturón, baja del colectivo y las ayuda personalmente a subir. Al llegar al destino, repite el gesto con la misma dedicación.
No se trata de una acción aislada. Es una conducta que se repite, día tras día, con naturalidad. Sin apuro. Sin hacer ruido. Como si entendiera que, para algunas personas, ese pequeño gesto no es solo una ayuda… sino una puerta a la igualdad.
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