Cuando los Reyes Magos hablan en criollo: las leyendas argentinas que mantienen viva la magia del 6 de enero
En Argentina, la historia de los Reyes Magos no se limita al relato bíblico ni a los libros ilustrados. Aquí, Melchor, Gaspar y Baltasar se mezclan con el patio de tierra, el farol de la vereda, el ruido lejano de un tren y las voces bajas de los adultos que conspiran para sostener una ilusión.
Son historias que no suelen escribirse: se transmiten en familia, de abuelos a nietos, como verdaderos «relatos de fogón» que sobreviven al paso del tiempo. En muchos hogares del interior, la Noche de Reyes no ocurre junto al arbolito, sino en el patio.
La escena se repite cada 5 de enero: cena temprana, miradas cómplices entre los grandes y un ritual casi sagrado. Una palangana con agua para los camellos, pasto recién cortado del jardín y los zapatos prolijamente lustrados, acomodados bajo la ventana o junto a la puerta. Todo listo para que la magia tenga por dónde entrar.
Hay un cuento que se repite en distintas provincias: el del chico que se despierta sobresaltado en la madrugada por un ruido extraño. Jura haber escuchado cascos sobre la vereda y, al asomarse apenas por la persiana, ve tres sombras altas recortadas contra la luz anaranjada del farol.
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