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No era una nena de 14 años con un hombre de 33.
Era un hombre de 33 años con una adolescente de 14.
Y aunque parezca una diferencia mínima en las palabras, es una diferencia enorme en la manera de mirar los hechos. Porque durante demasiado tiempo hemos aprendido a observar a las víctimas antes que a los violentos.
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