Crean un sistema hídrico nacional que recorre más de 130 km en el desierto
Israel no creó un río en el desierto. Creó algo más complejo: una infraestructura hídrica nacional capaz de mover agua a través de un territorio marcado por la escasez, las lluvias irregulares y la presión climática.
Bajo esa lógica se construyó una de las redes de transporte y gestión de agua más integradas del mundo, un sistema que conecta el norte húmedo con las regiones áridas del sur y que hoy depende tanto de fuentes naturales como del agua desalinizada del Mediterráneo.
Lo que a simple vista parece una franja azul cruzando campos y zonas secas es, en realidad, una red técnica que combina canales abiertos, tuberías presurizadas, túneles subterráneos, estaciones de bombeo y embalses distribuidos estratégicamente.
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