
El frío extremo obliga a abrigarse más, pero también presenta un desafío silencioso: proteger la piel de la sequedad, el enrojecimiento y las grietas que pueden surgir durante una ola polar.
Expertos dermatológicos de Cleveland Clinic y Mayo Clinic advierten que la exposición a bajas temperaturas y ambientes calefaccionados puede afectar seriamente la salud cutánea, por lo que es crucial adoptar rutinas de cuidado específicas para evitar daños a la epidermis.
El invierno genera una combinación de factores que perjudican la salud de la piel. La vasoconstricción, como consecuencia de las bajas temperaturas, y la calefacción, que eleva la temperatura, provocan una pérdida de humedad en la epidermis.
Frente a este escenario, los especialistas insisten en la importancia de comprender cómo el frío afecta la piel y qué hábitos pueden marcar la diferencia.
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