
Con la llegada del frío, los calefactores vuelven a ser protagonistas en los hogares sanjuaninos. Pero con ellos también aparece un riesgo silencioso: el monóxido de carbono, un gas letal que puede generarse por una mala combustión. Para evitar accidentes, el gasista matriculado Robert Torres compartió una serie de recomendaciones esenciales que toda familia debería tener en cuenta.
«La llama del calefactor siempre debe ser azul, completamente azul. Si es amarilla, aunque sea en parte, significa que falta oxígeno y hay una mala mezcla de gas y aire, lo que genera mala combustión», explicó Torres. Esta situación no solo reduce la eficiencia del aparato, sino que también puede liberar monóxido, un gas invisible, sin olor y altamente peligroso.
Según el especialista, este problema es más común en los calefactores de cámara abierta, conocidos como infrarrojos, que no tienen tiro balanceado. «En estos artefactos, al haber corriente de aire o acumulación de polvo, ese polvillo entra al quemador y se quema, haciendo que la llama se torne amarilla», detalló.
Uno de los factores más ignorados es la presencia de mascotas: «El pelo, la pelusa y la tierra se acumulan y se arrastran por el piso. Como el aire frío entra por debajo del calefactor, todo eso va a parar al quemador y lo tapa», dijo Torres. El resultado es un funcionamiento ineficiente y riesgoso.
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