
El alivio por el reencuentro todavía no logra borrar el miedo. María Belén Zerda, la argentina de 38 años radicada en México, apareció este viernes en Alfredo V. Bonfil, una delegación al Sur de Cancún que los mapas turísticos no muestran.
Allí, entre la espesura de la selva y el silencio cómplice de la tierra, la justicia mexicana ha desenterrado historias de horror: huesos humanos esparcidos en cenotes, fosas improvisadas y seis esqueletos encontrados solo el año pasado.
Zerda llevaba desaparecida 12 días. La última vez que alguien la vio fue el 6 de abril, corriendo hacia la vegetación cercana a su casa. Su caso activó el Protocolo Alba, pero lo que siguió fue una pesadilla con coordenadas precisas: la misma zona donde el narcotráfico opera con impunidad, donde los restos óseos son parte del paisaje.
Las autoridades sugieren que sufrió una crisis psicológica. Su familia, en cambio, aprieta los dientes: «Ella no tiene problemas mentales», afirman, mientras la pregunta flota en el aire: ¿Qué —o quién— la hizo correr hacia ese lugar?
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