
Las comercialización de soja de la actual campaña agrícola se encuentra en su nivel más bajo en la última década, lo que refleja una preocupación generalizada entre los productores debido a la incertidumbre sobre el tipo de cambio y la evolución de las retenciones. Sumado a esto, en varias zonas del país los números para la oleaginosa no cierran y los productores esperan el mejor momento para vender sus cosechas. El freno en las exportaciones pone tensión sobre las reservas del Banco Central, sedientas de dólares.
Por supuesto, el tipo de cambio juega un papel fundamental en la toma de decisiones de los productores, porque -vale la pena recordarlo- estos reciben el equivalente en pesos a la cotización del dólar oficial por sus granos y a eso se le resta el porcentaje vigente de los derechos de exportación. Es decir, un dólar más alto significa mayores ingresos en pesos, lo que en definitiva incentiva a los productores a esperar el mejor momento para concretar una operación de venta o fijar un negocio.
En paralelo, la cuestión de las retenciones, o mejor dicho el pago de los DEX, sigue siendo un factor clave. Estas tasas afectan a todos los granos y en particular a la soja y sus derivados y son el reclamo de base que todas las entidades del campo y los gobernadores de la región centro. Nadie olvida que durante la campaña presidencial de 2023, Milei prometió eliminar gradualmente estas retenciones, pero hasta ahora solo implementó una reducción temporal.
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