
Una nueva variante del COVID-19 identificada como NB.1.8.1 encendió las alertas sanitarias a nivel global, tras un marcado crecimiento en su circulación durante mayo. La Organización Mundial de la Salud (OMS) informó que este linaje, actualmente catalogado como «en seguimiento», representó el 10,7% de las secuencias globales a mediados de mes, frente al 2,5% registrado semanas atrás.
Los datos preocupan especialmente en regiones como el Sudeste Asiático, el Mediterráneo oriental y el Pacífico occidental, donde se observa un aumento sostenido de contagios y hospitalizaciones. En particular, NB.1.8.1 se volvió dominante en China y Hong Kong, de acuerdo con la viróloga Lara Herrero, quien advirtió sobre su capacidad de diseminarse rápidamente.
La variante también fue detectada en aeropuertos de Estados Unidos —incluyendo los de California, Washington, Virginia y Nueva York— entre pasajeros provenientes de zonas de alto riesgo, según consignó la agencia AFP.
En medio de esta situación, el secretario de Salud estadounidense, Robert F. Kennedy Jr., generó controversia al declarar que ya no se recomienda la vacunación contra COVID-19 para niños sanos ni embarazadas. La medida fue duramente cuestionada por expertos en salud pública, que insisten en mantener altos niveles de cobertura vacunal como herramienta preventiva.
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